miércoles, 18 de julio de 2012
Éramos pocos y me hice Tumblr
Pues éso, que llevo cinco meses, ¡cinco meses!, sin actualizar el blog y decido romper el hielo para decir que he añadido un quehacer más a mis quehaceres varios en esto de interné. Ahora también estoy en Tumblr y, en un ataque de originalidad, podéis encontrarme con el mismo nombre, Sin saber nada. Y es que sigo observando el mundo desde la ignorancia.
jueves, 23 de febrero de 2012
Días 3 y 4. Marrakech-Zagora. Zagora-Marrakech
| Pueblo bereber de la coordillera del Atlas |
Nos preparamos para afrontar un viaje de más de 350 kilómetros para dormir a las puertas del desierto levantándonos a las 6:30 y sin desayunar. Nos dirigimos a Zagora en un minibús cargado con diecisiete turistas de varias nacionalidades; seis somos españoles y antes de salir de Marrakech ya nos hemos presentado.
Lo interesante de este maratón de 700 kilómetros en 2 días es la diversidad de paisajes que veremos. Antes de llegar a nuestro destino habremos atravesado el Atlas, contemplaremos los pueblos bereberes asentados, y casi camuflados, en esta cordillera; pasaremos de largo por los estudios cinematográficos de Ouarzazate, pararemos a comer en la terraza de un restaurante de adobe frente a la impresionante Kasbah de Taourirt, lista para albergar la primera edición del Festival Azalay. Alucinaremos con el paisaje lunar, o desierto pedregoso, que anuncia la llegada del sorprendete Valle del Draa, valle semidesértico pero agraciado con oasis autónomos que, al unirse, forman un extenso palmeral.
| Kasbah de Taourirt, Ouarzazate |
| Hotel en un pueblo del Valle del Draa |
En los últimos 50 kilómetros de nuestro trayecto compartimos carretera con otros coches, motocicletas, bicicletas y muchos peatones. Al contrario que nosotros no caminan por el carril de la izquierda, en dirección contraria a la de los vehículos sino por la derecha, dándoles la espalda. Esta práctica no me gusta, me preocupa la seguridad de todas aquellas personas que han de andar por la carretera para poder realizar sus quehaceres rutinarios, que al parecer son bastantes (a la mañana siguiente podremos ver a muchos niños andando y en bici por la carretera, suponemos que para ir al colegio).
Tampoco me gusta lo que llevo observando desde que hemos salido de Marrakech, ¡la abundancia de basura! En las inmediaciones de las ciudades y los pueblos, en radios bastante amplios, los desperdicios aparecen por cualquier lugar, ¡sobre todo las bolsas de plástico! Al principio de nuestro viaje al desierto, medio adormilada por el traqueteo del minibús, abro los ojos y veo un campo yermo lleno de palitos secos y, ¿flores de colores? ¡No! Son bolsas de plástico. Y así durante todo el viaje. Bolsas de basura hasta en los regueros de agua que atraviesan, y dan vida, a los pueblos. Bolsas de basura de paso, guiadas por el viento hacia ninguna parte y destinadas a contaminar cualquier parte.
| Pueblo de adobe del Valle del Draa |
| Atardecer en las inmediaciones de Zagora |
Los niños de las aldeas cercanas al camino que atravesamos salen a nuestro paso para pedir limosna. Con la mano estirada rezan "one dirham, one dirham". Escondidos pueden distinguirse a los adultos que les acompañan. A la mañana siguiente la escena volverá a repetirse. Con la luz de la mañana, pudimos distinguir sus manitas y cara sucias, sus ropas demasiado grandes y demasiado pequeñas, sus dientes ennegrecidos por la falta de calcio. Me sentí mal. Me sentí muy mal. Lo único que me venía a la mente era una escuela.
Cuando llegamos a nuestro campamento la noche ya casi era completa. Repartimos las jaimas para dormir y nos juntamos en la central, en donde tomamos té de menta y nos trajeron la cena: sopa marroquí, tajín de pollo y mandarinas. Una pena que entre la organización y los asistentes no hubiera apenas comunicación, echamos en falta algún tipo de explicación. Acabamos el día alrededor de una hoguera con cánticos y música bereber. Impresionante el cielo, aunque la contaminación lumínica de las ciudades cercanas se dejara ver a lo lejos.
| Jaimas turísticas. Restos de la hoguera nocturna |
| Amanecer en el desierto, inmediaciones de Zagora |
El sueño en la jaima ha sido profundo. El amanecer nos despierta a las 6 de la mañana. No es tan impresionante como me imagino, pero no todos los días se amanece en un desierto. Me gusta observar el color que va adquiriendo la arena según va apareciendo el sol. Tras el desayuno los camellos nos esperan y también el minibús. Ahora tenemos que deshacer los 350 kilómetros.
Pero aún nos quedan dos grandes sorpresas. Una rápida parada para divisar Agdz y la visita, más que obligada, a Aït Benhaddou y su kasbah, escenario conocido para aquellos que hayan visto películas como Lawrence de Arabia o Gladiator.
| Kasbah Aït Benhaddou |
Cuando se contempla esta belleza arquitectónica parece que hemos traspasado el tiempo, a pesar de que sus calles hayan perdido la autenticidad por verse repletas de tiendas de souvenirs y pañuelos de colores. No importa contemplar la kasbah desde arriba, desde abajo o desde el interior de sus callejones de tierra y guijarros, ¡deja sin palabras! Parece que estamos en un decorado de barro. ¡Gran colofón final!, aunque casi nos queda la mitad del viaje de vuelta.
Fotos: Marrakech-Zagora. Zagora-Marrakech, octubre 2011. M. San Felipe
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Día 2. Marrakech
| Minarete de la Koutoubia. Marrakech |
No hay nada como dormir como un lirón y tomar un rico y consistente desayuno para llenarse de energía. Qué ricas las tortitas marroquíes con mantequilla y mermelada. Hoy queremos captar una imagen general de la ciudad así que decidimos, cuan guiris, aprovechar las ventajas del autobús turístico. En una ruta guiada de hora y media visualizamos la Ville Nouvelle, o Ciudad Nueva, parte de la ciudad que rodea a la medina. Asombrosas las diferencias que albergan un lado y otro de la muralla. Edificios altos con amplios balcones, grandes avenidas de varios carriles, escaparates, soportales, terrazas de modernos cafés. Si no fuera por algunas ventanas puntiagudas, verjas decorativas y alguna calesa despistada no extrañaría que nos encontrásemos en un barrio europeo con un toque exótico. El rosa predomina.
| Rotonda en la Ville Nouvelle. Marrakech |
Marrakech nació casi de la casualidad. A pesar de ser un lugar histórico de paso, fue en el año 1062 cuando en su territorio un campamento se amuralló por primera vez por orden de Yusef Ben Tashfin, jefe almorávide bereber. Cuenta la leyenda que a sus guerreros les gustaban mucho los dátiles y que traían una abundante carga de este fruto de los palmerales del sur. Durante su estancia en el campamento, fueron muchos los huesos de dátiles que se tiraron al suelo y que, según cuentan, más tarde florecieron. Así, La Palmeraie, o el El Palmeral, es considerado el origen de Marrakech. Se trata del único oasis existente al norte de la cordillera del Atlas y es de gran importancia para la vida de la ciudad.
He de reconocer que yo me imaginaba un frondoso oasis, un espeso bosque de hojas puntiagudas. Estaba equivocada, se trata de un bosque semiárido. Merece la pena visitarlo, aunque no recomiendo dedicarle mucho tiempo. Muchas de sus partes están divididas, cercadas, por paredes de adobe. En él conviven casas de barro con lujosas mansiones y lujosos complejos hoteleros. Si eres amante del golf, tienes dinero y no te importa el medio ambiente, quizá quieras hacerte unos hoyos en uno de estos sitios cuyos campos no amarillean...
| Campo de golf en La Palmeraie. Marrakech |
Queríamos haber atravesado La Palmeraie en bicicleta pero hemos tenido que conformarnos con recorrerlo en autobús descapotable; no hemos encontrado bicis para alquilar.
Comemos unos bocadillos y unas aceitunas con boquerones en el Parque Moulay Abdeslam, también conocido como el Cyber Parc, unos preciosos jardines reales de flora autóctona en los que abundan los cítricos y en donde podemos conectarnos gratuitamente a Internet. Como en casi todas las zonas públicas que ofrecen wifi la red deja bastante que desear, pero yo todavía no me he conectado gratis en ningún parque en España. Contactamos con la familia.
Aprovechamos la tarde para organizar el resto de la semana y nos damos cuenta que empezamos a desenvolvernos. Mañana excursión, de nuevo de guiris. Queremos conocer la puerta marroquí del desierto en Zagora y no queremos perdernos un amanecer entre las dunas. El jueves iremos a la ciudad costera de Essaouira en autobús de línea; ir a la estación a comprar los billetes, ¡no tiene precio!
Pero la noche llega y Djemaa el-Fna nos llama. Ya no hay duda, lo que vimos ayer se repite cada día. Saboreando un te de menta desde la terraza de Le Grand Balcon Cafe Glacier observamos el espectáculo de la gran plaza. Da igual desde arriba que desde abajo, ¡te deja sin palabras!
| Djemaa el-Fna desde Le Grand Balcon Cafe Glacier. Marrkech |
Hoy las exquisiteces de los puestos de comida no se nos escapan. Pasamos a formar parte de la vida de la plaza.
Fotos: Marrakech octubre 2011. M. San Felipe
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