Un día, de no hace mucho, llego a casa y en la mesita del salón hay una carta para mí. Es de la Universidad Carlos III. Pensando en que será publicidad de alguno de sus másters, la abro con desgana mientras caliento la comida. ¡Anda, fíjate!, pienso, me reclaman para que haga una encuesta de inserción laboral tras haber terminado la carrera, ¡pues la voy hacer, hombre!, me digo a mi misma. Hecho sorprendente porque no es que yo me caracterice por rellenar encuestas o cuestionarios de la Carlos III, que allá por segundo dejé de entregar la evalución de los profesores. ¡Gran error! -arrepentimiento posterior-. Antes de que la comida se haya calentado, he dejado la carta en un sitio visible para que no se me olvide hacer los deberes.
Otro día, seguido al anterior, abro mi correo electrónico y tengo un e-mail en el que se me informa de los mismo, con un link a la susodicha encuesta. Lo marco como No leído y lo dejo ahí para mejor ocasión, ¡ando muy liada con cosas del curro, pero no se me olvida!. No, no.
Ese mismo día, a media mañana, suena mi móvil: número desconocido. Es una chiquita, me llama de la Universidad Carlos III para hacer una encuesta de inserción laboral tras haber terminado los estudios universitarios, ¿quiere hacerla?, me pregunta. ¡Sí, sí!, contesto; por supuesto, pienso. Así que, comienzan las preguntas...
He de decir, que lo más destacable de mi vida posuniversitaria es el hecho de haber trabajado por mi cuenta desde antes de terminar, de haber creado una empresa con mis amigas, y ahora también compañeras,. Básicamente el hecho de ser una joven emprendedora. Y no es que yo quiera que esto se me reconozca más que a nadie, ni que yo sea diferente, ¡ni nada de eso! Pero sí que creo que es algo a tener en cuenta a la hora de responder una encuesta de inserción laboral para la universidad en la que estudiaste... Pero, ¿cómo hacerlo si sólo te permiten sacar este tema en una única respuesta de una de las preguntas que te hacen...? ¡Claro que puedo responder a las preguntas de si estoy contenta (o no) con mi trabajo, con lo que hago, si me han servido las prácticas realizadas y el temario estudiado!, aunque resulte complicado simplemente valerte de un Sí y de un NO para contestar. Pero señores preparadores de encuestas de la Carlos III, ¿se han parado a pensar que ese tipo de preguntas tienen muy poco significado cuando una trabaja por su cuenta?, por ejemplo. Ya sé que una encuesta es una encuesta y que lo que pretende es tener resultados globales y tipificados, que si se hicieran diferentes preguntas por cada perfil no sería una encuesta y no se podrán sacar conclusiones generalizadas, pero... ¿Qué resultados van a sacar de mis respuestas...? Que estoy contenta con mi trabajo y que hago lo que me gusta (dentro de lo posible y de lo que se nos deja, ¡claro está!)...
Claro, yo lo veo desde mi punto de vista, desde mi situación personal/laboral. Pero intentando analizarlo desde una visión más objetiva, esta encuesta sabe qué resultados quiere obtener y qué preguntas hacer para conseguirlas. ¿Qué va a contestar la mayoría de la gente a la pregunta de 'ha trabajado usted en el último año'? Pues claro, pero de telepizzero. ¡Ah! Pero eso no cuenta, que sólo se puede responder con Sí o No. Da igual, la casilla del Sí ya está marcada, aunque el grado de telepizzero aún no esté contemplado en el Plan Bolonia. U otra, ¿qué respondes a 'has estado inscrito al SOPP (Servicio de Orientación y Planificación Profesional'? ¡Cómo para no conocerlo...!vSi quieres hacer prácticas en una empresa mientras estudias no queda otra que los papeles te los gestionen ellos (o medio-gestionen o mal-gestionen, según los casos), porque sino no son válidas y como hacer prácticas es inevitable (ya sea por los motivos que sea) pues... ¿Quién no ha esperado en la ventanilla del SOPP a ser atendido mientras veías al personal chatear por el messenger?
¡Joder! Pero qué bien queda que en las conclusiones sacadas de la encuesta se pueda decir que el 90 y pico porciento de tu ex-alumnado ha trabajado en el último año y que el 90 y pico por ciento de tu ex-alumnado se haya inscrito en tu servicio de orientación y planificación profesional. Y es que claro, un Sí y un No como respuesta no contemplan que un muchos por ciento de ese noventa por ciento que trabajó el año pasado fue en trabajos más que precarios o que el total del noventa y pico por ciento que se incribió en tu servicio de orientación y planificaión profesional lo hizo porque era obligatorio.
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viernes, 23 de octubre de 2009
lunes, 19 de octubre de 2009
Empezamos la semana carlostercerística

Paseaba por los stands de Aula, en su edición de 2003, cuando se despejaron mis dudas sobre qué carrera estudiaría. Sí, fue así, de inmediato, tras un paseo por un pabellón de IFEMA lleno de azafatas intentando que estudiaras en la universidad que representaban. Tras un 2º de bachillerato con la cabeza llena de dudas sobre mi futuro académico, y supuestamente profesional, volví a mis orígenes: quería ser periodista y estudiaría periodismo (¿Fui una ilusa...? ¿Sigo siendo una ilusa...?). Lo que no recuerdo con tanta claridad es la elección de la universidad. Supongo que ese año los becarios contratados para tal feria me convencieron rápido o que, visto objetivamente, la Universidad Carlos III de Madrid es una de las universidad públicas que mas buena pinta tienen, entre otras cosas por sus clases reducidas (o más reducidas que en la mayor parte de las públicas) y su gran oferta de recursos para uso y aprovechamiento del alumnado (esto también merece un paréntesis, pero quizá lo aclare más tarde o durante esta semana). Y claro, a una así, se la camela. Más tarde descubriría que su eslogan, algo así como 'La pública, la diferencia', era más que cierto, ¡y en prácticamente todos los ámbitos! No todos de forma positiva.
Así que tras aprobar la selectividad (mi nota no me dio para hacer la Conjunta: Periodismo y Comunicación Audiovisual) y hacer la preinscripción, mi orden de preferencia, en cuanto a centros universitarios se refiere, empezaba con la Carlos III, en su campus de Getafe (la separación, siempre tan polémica, de Ciencias y Letras está aquí muy presente y es sinónimo de: Leganés y Getafe, respectivamente; Colmenarejo no entra dentro de este distintivo... ¡que para eso está muy lejos!).
Tras un verano de papeleos desde la lejanía y cabreos de mis padres por la desesperación, más que comprensible, de tener que hacer mi matrícula porque durante el periodo de plazos estás disfrutando de una beca en Inglaterra, llegó septiembre y mi primer pie puesto en tal universidad. Fue el dia de La Presentación, en la que el decano de nuestra carrera ya se encargó de nuestras perspectivas se esfumaran en un momento. Lo único que medio-recuerdo fue algo así como que no pensáramos hacer programas de radio ni periódicos universitarios, porque de éso no había... No sé, a mí me sorprendió. No por la influencia de esas series americanas de institutos y universidades en donde los protas colaboran en la radio del centro educativo o escriben artículos revindicativos en la revista, sino porque tanto bombo y tanto platillo con las prácticas y los recursos en manos del alumnado y ahora nos dicen que lo que aprendamos no lo podremos aplicar, ni aprovechar, de forma interna. ¡Pues vaya! Y ahí se quedó la cosa y así fue como la cosa pasó.
Las asignaturas del primer año... Una mirada al colegio. Que si Lengua Española I, la lengua de toda la vida; que si Literatura Contemporánea, literatura; que si Historia de España, más aprendí en años anteriores... En concreto de estas tres asignaturas, lo primero que se me viene a la cabeza (no quiere decir que lo haya aprendido, simplemente es lo primero que recuerdo) es:
- Lengua Española I: cómo escribir las bibliografías, distinguiendo libros, enciclopedias o páginas web.
- Historia de España: que a partir de un libro sobre la historia del Real Madrid, (sí, el equipo de Florentino), se entiende la historia de España.
- Literatura contemporánea (¿o era Movimientos Literarios Contemporáneos...?): cómo limitar los movimientos de un profesor por usar un micrófono enganchado a un altavoz por tener un tono de voz sin decibelio alguno o cómo leer Trilce en el tren desde Atocha a Getafe, es decir en 20 minutos y sin entender nada. He de reconocer que si no fuera por esta clase no habría leído libros que me gustaron mucho y que no hubiera conocido a autores que aún rondan en mi cabezota.
Y así acaba este mi primer post participativo en la Semana de Yo sobreviví a la Carlos III. Un post que no tiene una continuidad argumentativa ejemplar, de hecho yo diría que no tiene continuidad, así como tampoco una conclusión. Simplemente un montón de ideas y de recuerdos de una sobreviviente.
Foto: chicos.net
jueves, 1 de octubre de 2009
Hace seis años...

El 29 de septiembre de 2003 fue mi primer día de universidad. Ya hace seis años. ¡Joder, cómo pasa el tiempo!
Era lunes, me acuerdo. El día de antes, domingo, mis padres y los de mi amiga, y que ahora iba a ser también mi compañera de piso, nos llevaron a Madrid con gran parte de nuestras cosas, pertenencias y trastos. Comenzábamos nuestra vida de universitarias con una comida en un restaurante, como si de una gran celebración se tratase, y continuamos con un paseo a nuestras anchas por La Castellana; ya que ese día se celebraba la última etapa de la Vuelta Ciclista a España y gran parte de esta arteria de la capital estaba cerrada al tráfico.
El primer día de universidad no era día de clase, como es de suponer, sino de presentación: la Presentación. Recuerdo que a la entrada del Edificio 14 nos íbamos agolpando los que acabaríamos siendo, cuatro años después, la promoción Kapuncinsky; seguramente con nosotros también estarían media clase de la conjunta, pero de éso no me acuerdo (lo siento Laura).
Ese día conocí a Blanca, ¡qué casualidad! Vivíamos en el mismo barrio, casi en la misma calle. Prácticamente inseparables desde ese momento, Blanca y yo fuimos conociendo al resto de las personas con las que pasaríamos nuestros cuatro años universitarios.
Y sí, justo seis años después, el 29 de septiembre de 2009,¡vamos, antes de ayer!, me encontraba de nuevo delante de la universidad. Esta vez, para tomar una rica Coca Cola y unas raciones con cuatro de las personas que hace seis años conocí en ese mismo lugares y con las que he vivido interesantes experiencias, ¡hasta la de montar una empresa! ¿La elección de la fecha?, de nuevo casualidad. Ninguna de ellas se acordaba de que hacía seis años habíamos empezado, oficialmente, nuestra andadura universitaria.
Foto: detalle de una escultura de la Universidad Carlos III de Madrid, campus de Getafe. Español sin fronteras
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