
El 29 de septiembre de 2003 fue mi primer día de universidad. Ya hace seis años. ¡Joder, cómo pasa el tiempo!
Era lunes, me acuerdo. El día de antes, domingo, mis padres y los de mi amiga, y que ahora iba a ser también mi compañera de piso, nos llevaron a Madrid con gran parte de nuestras cosas, pertenencias y trastos. Comenzábamos nuestra vida de universitarias con una comida en un restaurante, como si de una gran celebración se tratase, y continuamos con un paseo a nuestras anchas por La Castellana; ya que ese día se celebraba la última etapa de la Vuelta Ciclista a España y gran parte de esta arteria de la capital estaba cerrada al tráfico.
El primer día de universidad no era día de clase, como es de suponer, sino de presentación: la Presentación. Recuerdo que a la entrada del Edificio 14 nos íbamos agolpando los que acabaríamos siendo, cuatro años después, la promoción Kapuncinsky; seguramente con nosotros también estarían media clase de la conjunta, pero de éso no me acuerdo (lo siento Laura).
Ese día conocí a Blanca, ¡qué casualidad! Vivíamos en el mismo barrio, casi en la misma calle. Prácticamente inseparables desde ese momento, Blanca y yo fuimos conociendo al resto de las personas con las que pasaríamos nuestros cuatro años universitarios.
Y sí, justo seis años después, el 29 de septiembre de 2009,¡vamos, antes de ayer!, me encontraba de nuevo delante de la universidad. Esta vez, para tomar una rica Coca Cola y unas raciones con cuatro de las personas que hace seis años conocí en ese mismo lugares y con las que he vivido interesantes experiencias, ¡hasta la de montar una empresa! ¿La elección de la fecha?, de nuevo casualidad. Ninguna de ellas se acordaba de que hacía seis años habíamos empezado, oficialmente, nuestra andadura universitaria.
Foto: detalle de una escultura de la Universidad Carlos III de Madrid, campus de Getafe. Español sin fronteras
