jueves, 4 de julio de 2013

Olor a verano


Soy de esas personas a las que le molesta la luz para dormir, que no soportan que la persiana deje entrar un ápice de claridad y que se tapan la cabeza con lo primero que pillan cuando el sol se cuela por alguna rendija de la ventana.

En verano es un poco distinto. Estos días dejo la persiana entreabierta para que el fresco de la noche inunde la habitación, cuando los primeros rayos entran  y me despiertan me acerco a la tira de la persiana y, medio sonámbula y con los ojos aún cerrados, tiro de ella con fuerza para que se cierre pero, ¡nunca funciona! Mi persiana está rota y siempre deja alguna línea abierta entre sus láminas por la que se cuela una luz anaranjada que no deja de recordarme que ya es de día y que ya, posiblemente, no podré volver a conciliar el sueño como antes.

Pero en verano es distinto. Estos días cuando los primeros rayos entran también lo hace un dulce olor a hierba humedecida, a amanecer. Un olor a tierra, a hojas, a campos segados y por segar bañados por el rocío; un olor que contrarresta  la molesta claridad que mi persiana se deja colar.

Huele a verano.

Foto: Burlas y Veras

martes, 18 de junio de 2013

Mi XXIX Premio de Periodismo Cirilo Rodríguez



Ya hace casi un mes que se celebró la XXIX edición del Premio de Periodismo Cirilo Rodríguez, reconocimiento a corresponsales o enviados especiales de medios españoles en el extranjero en honor al periodista segoviano. Fue la tarde del 24 de mayo en el salón de actos del Parador de Segovia y allí acudí acompañada de mi chico con nerviosismo y entusiasmo, ¡ni que estuviera nominada!

Recibí las invitaciones dos semanas antes y desde entonces estaban en la mesa de mi estudio, presidiéndola, siempre presentes durante mis horas de trabajo en la búsqueda de trabajo, así como en esas horas que dedico a algunas colaboraciones como redactora (en Segovia un buen plan y en El Guadarramista). Como un vínculo real entre yo, periodista que no ejerzo pero que quiere ejercer, y el mundo vivo del periodismo.

Me hacía especial ilusión acudir a la entrega de los Cirilo porque hacía mucho tiempo que no acudía a eventos profesionales; además la gala era en mi ciudad, celebrada por mi asociación de la prensa, la de Segovia. Pero sobre todo necesitaba sentirme una más entre los asistentes, respirar y empaparme del ambiente. Lo hice. Necesitaba un enchufe de energía periodística, recordar por qué hace ya 10 años hice una cruz en la casilla de Periodismo y no en la de cualquier otra carrera, por qué quise llegar a ser periodista.

Fue extraño presentarme a un acontecimiento así sin mi compañía habitual hasta ahora, mis amigas y socias de Airevisual, Blanca e Irene. Durante el camino hice lo que hubiera hecho con ellas, rastrear Twitter para unirme al hashtag ofiacial del evento y empezar a tuitear con él, ¡no había!, así que empecé a hacerlo por mi cuenta aludiendo a #PremioCiriloRodriguez, que curiosamente ya estaba utilizando Aurelio Martín, periodista segoviano y vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). También me resultó raro entrar al salón de actos y, junto con mi chico y sin contar a los cámaras de televisión, descubrir que éramos los más jóvenes allí presentes. Quizá este tipo de actos sean así, pero eché de menos a jóvenes periodistas entre los presentes.

Sentada en mi butaca vi llegar a los finalistas: Mónica Bernabé, periodista freelance y corresponsal de El Mundo en Afganistán, Marc Marginedas, enviado especial de El Periódico a zonas de conflicto, y Griselda Pastor, corresponsal en Bruselas de la Cadena Ser, a quienes había puesto cara a través Google y de sus perfiles de Twitter, aunque a Griselda le ponía voz desde hacía tiempo. Fue especial ver aparecer el pelo rojo de Rosa María Calaf y sentir su presencia cerca de la mía, así como la de multitud de caras conocidas a las que no ponía nombre; también escuchar en directo la voz de Alfredo Matesanz, presidente de la Asociación de la Prensa de Segovia y director de Radio Segovia, sorprendiéndome su tono después de tanto tiempo escuchándole en la emisora local. Me emocioné con el homenaje post mortem que se le hizo a Enrique Meneses, Premio Cirilo de Honor en 2010, y aplaudí como la que más cuando se leyó el falló del jurado, nombrando segundo y primer finalistas a Griselda Pastor y Marc Marginedas respectivamente, y ganadora de la XXIX edición a Mónica Bernabé, poniéndome los pelos de punta cada uno de los agradecimientos y anécdotas que encima del escenario expresaron.

Sentada en mi butaca, atenta y empapándome de todo lo que me rodeaba recordé por qué un día quise ser periodista. En estos tiempos a veces se olvida.

Foto: invitaciones a la entrega del XXIX Premio Cirilo Rodríguez, M. San Felipe

martes, 7 de mayo de 2013

Hay trabajo pero faltan puestos de trabajo (y algo de compañerismo)


Esta mañana una amiga me contaba disgustada e indignada que cuando ha llegado a trabajar su jefa no estaba. Le ocurrió lo mismo la semana pasada, cuando llegó el martes a trabajar sus compañeros le dijeron que su jefa se había cogido el día libre. Más allá de la falta de comunicación y de compañerismo, esta situación poco tendría de extraña si no fuera porque mi amiga colabora, gratis, en este sitio al que acude cada martes y en el que su jefa ha de guiarla. Ella es periodista y ayuda en el departamento de comunicación de una ONG de forma voluntaria. Ella ha aceptado colaborar de forma gratuita en una organización en la que ha visto que su trabajo es necesario y que podrían pagárselo pero no lo hacen, las nóminas de sus compañeros y las facturas de los proveedores no muestran cantidades bajas, ella lo sabe porque desagradablemente en su labor semanal maneja estas cifras, pero no hay puesto de trabajo para ella. Mi amiga, a falta de un trabajo remunerado ha elegido, no sin dudar, ganar experiencia mientras sigue buscando su oportunidad laboral, la de encontrar un trabajo pagado. A cambio sólo pide respeto y reconocimiento, algo de sentido común en las relaciones personales.

Otra amiga periodista también colabora gratis en una organización sin ánimo de lucro para la que hace algunas labores de comunicación desde su casa. Hace unas semanas me contaba disgustada que se presentó a una reunión a la hora acordada y cuando llegó le informaron que la habían retrasado sin avisarla previamente. A los pocos días la emplazaron para reunirse en un día festivo, ante lo que no se pudo negar. ¿Dónde queda el compañerismo?

Sin querer caer en el victimismo, el periodismo es un sector al que le está afectando gravemente la crisis y el cambio en su modelo de negocio. En este proceso de cambio de modelo aún nada definido las empresas, entidades y organizaciones no dudan en beneficiarse y aprovecharse de la situación de precariedad que tienen y viven los profesionales del periodismo ofreciendo puestos de trabajo también muy precarios, con salarios bajos,  incluso muy bajos, o trabajos gratuitos poniendo al periodista contra la espada y la pared entre el si no trabajo no puedo hacer frente a mis gastos o entre el si no trabajo no adquiero experiencia, será mejor producir que no hacer nada. Y así va creciendo una burbuja en la que  también entra el juego un factor muy importante, esa creencia popular que dice que periodista puede ser cualquiera y que profesionales de la comunicación somos todos. Esa burbuja que también se alimenta de ofertas de trabajo que ningunean a los licenciados demandando únicamente becarios o voluntarios para realizar trabajos que realmente debería hacer un empleado asalariado. Haciendo crecer así la desconfianza ante personas, entidades y/u organismos que requieren de voluntarios o colaboradores para poder empezar o simplemente continuar con su labor. Haciendo crecer la desconfianza y el desapego laboral cuando el compañerismo parece brillar por su ausencia.
[Aclaración: esta burbuja y situación precariedad lamentablemente no es única del sector periodístico y  muy tristemente también se puede aplicar a muchos otros sectores está restando cada vez más los derechos de los trabajadores].

Yo también colaboro, gratis, en dos páginas webs: un portal de turismo que está empezando y un periódico  digital local y medioambiental sin ánimo de lucro. Mis jefes, que en realidad son y me tratan como compañera, no me presionan ni me exigen, trabajamos en equipo y soy yo misma con mi responsabilidad la que guía mi trabajo con y para los proyectos. Yo he elegido realizar ese trabajo no remunerado, he de acatar las consecuencias de mi decisión y he de saber reaccionar de la mejor manera ante las situaciones, fáciles o difíciles, que se me presenten. Pero no todos los jefes, ni los acontecimientos, lo ponen fácil.

No saldremos de esta si no colaboramos entre todos, los de arriba y los de abajo, empezando por el compañerismo. Por favor no nos pisoteemos, no nos pisoteen. Seamos compañeros, trabajemos en equipo y, no estaría mal, que desde arriba se empezase a pensar en el beneficio de todos, o al menos en el de una gran mayoría. ¿Utopía?

Por supuesto que creo que hay labores y proyectos que requieren voluntarios y colaboradores, pero también creo que sí que hay trabajo, lo que faltan son puestos de trabajo y, en muchas ocasiones, faltan ganas de ofrecerlos como tales.

Foto: ilustración de AEA, Chocolate Caliente