jueves, 8 de octubre de 2009

Una manía


Reconozco que tengo unas cuantas manías, o sufro unas cuantas manías, según como se mire. Por descontado queda que quienes me rodean también las sufren, ni qué decir tiene que, sin duda, más que yo.

Una de esas manías es la de organizar las fotos en el ordenador antes de guardarlas en CDs. El primer paso es descargar las fotos en la carpeta 'Fotos'. Pero no en la carpeta de 'Mis imágenes' que trae ya predeterminada el ordenador, ¡faltaría más que Bill Gates también me diera directrices sobre cómo organizar las carpetillas de mi ordenador personal! Ya condiciona demasiado mi vida como para hacerle caso también en ésto; que crear una carpeta en Windows sé hacerlo yo solita.

Una vez descargadas las fotos las organizo, ordeno y nombro minuciosamente por temas/situaciones, en diferentes carpetas, ¡por supuesto!. Que si fin de semana en no sé dónde y de no sé qué mes, que si chuletada de no sé que día con los amigos de no sé donde, que si cumpleaños de no sé quién, que si huerta del Padre floreciendo no sé qué día de primavera... Temas/situaciones tan diferentes, como iguales, que va plasmando mi Olympus.


Además, cada carpeta lleva su fecha, ¡no vaya a ser qué no me acuerde de cuándo tomé la instantánea de ese tomate enrojeciendo!. Y si cada carpeta va fechada, no va a ser menos cada foto. Así que acompaño a cada una de ellas con un cuándo, pero también con un dónde y con un quiénes en ella salen. Gran problema me surge cuando las fotos son de grupo... Al que se suma otro, ya que por todos es sabido que los carretes de las cámaras digitales no se gastan tan fácilmente como los de las cámaras analógicas, así que mi paciencia se pone a prueba cada vez que realizo tal tarea.


En realidad esta manía de tener controladas las fotos no viene de ahora. Cuando aún no existían las cámaras digitales, yo me encargaba de poner en el reverso de las fotos familiares esto mismo. Al principio como obediencia a una orden de mi madre, pero más tarde lo hacía por gusto y con gusto. Porque de siempre me ha gustado, cuando he encontrado alguna foto por casa, saber cuándo fue hecha con solo darle la vuelta.


Numerarlas, nombrarlas, fecharlas, ordenarlas... Y es que aunque pesado y metódico, me gusta eso de organizar mis fotos. No por la calidad artística de las imágenes, que no la tienen, sino porque al fin y al cabo son mis momentos y mis recuerdos. Simplemente, mis recuerdos organizados a partir de una costumbre que se ha convertido en manía.

Foto 1: Amapolas. Fuentepiñel. 30 de mayo de 2009.
Foto 2: Aperos hortelanos para hacer la peña. Cabezuela. 4 de septiembre de 2009.
Foto 3: María, Miguel y Ana. Fuentepiñel. 31 de mayo de 2009.
Foto 4: Una puerta de la Alhambra. Granada. 17 de septiembre de 2009.

domingo, 4 de octubre de 2009

Trabajando desde mi patio


El sábado fue la primera vez que mi portátil vino a mi casa, la del pueblo, la de mis padres. Así que, como estaba sola por compromisos varios de mis progenitores, lo primero que hice tras entrar en casa fue abrir el maletín del ordenador, sacarlo y encenderlo, para comprobar si el interné funcionaba. Y sí, las zonas rurales también están enredadas, ¡con wifi y todo! Aunque las conexiones dejan mucho que desear y los días de desconexión abundan.

¡Joé!, que sí que funciona, me dije; y más rápido de lo normal, pensé. Y no es que me encante estar enganchada al ordenador y a Internet, lo que pasa es que necesitaba saber si podría trabajar desde casa; lo cual tampoco era necesario. Y eso que a mí pronto se me llenan los ojos de megapíxeles así como, bien es sabido, no suelo coger un ordenador los fines de semana que estoy en el pueblo. Pero no sé por qué, el sábado me apetecía hacerlo. Sí, desde el patio, sentadita en una tumbona.

Así que por la tarde, tras una comida más que agradable con una amiga opositora, me busqué un rinconcito en el patio, evitando las sombras y reflejos en la pantalla y allí, tranquilamente, disfruté tecleando, trabajando. Y sí, digo bien, ¡disfruté trabajando!

** Por cierto, esta foto que he encontrado me ha encantado. Imagínense a un agricultor cualquiera actualizando su Facebook apoyado en la alpaca; informándose de la subida o bajada de la Bolsa; haciendo una videoconferencia con su amigo el de Houston o simplemente divisando sus tierras desde Google Earth.

¡Ah! Mi patio no tiene alpacas, aunque sí lilos, geranios y hierba buena.

Foto: WirelessInternet Reviews

jueves, 1 de octubre de 2009

Hace seis años...


El 29 de septiembre de 2003 fue mi primer día de universidad. Ya hace seis años. ¡Joder, cómo pasa el tiempo!

Era lunes, me acuerdo. El día de antes, domingo, mis padres y los de mi amiga, y que ahora iba a ser también mi compañera de piso, nos llevaron a Madrid con gran parte de nuestras cosas, pertenencias y trastos. Comenzábamos nuestra vida de universitarias con una comida en un restaurante, como si de una gran celebración se tratase, y continuamos con un paseo a nuestras anchas por La Castellana; ya que ese día se celebraba la última etapa de la Vuelta Ciclista a España y gran parte de esta arteria de la capital estaba cerrada al tráfico.

El primer día de universidad no era día de clase, como es de suponer, sino de presentación: la Presentación. Recuerdo que a la entrada del Edificio 14 nos íbamos agolpando los que acabaríamos siendo, cuatro años después, la promoción Kapuncinsky; seguramente con nosotros también estarían media clase de la conjunta, pero de éso no me acuerdo (lo siento Laura).

Ese día conocí a Blanca, ¡qué casualidad! Vivíamos en el mismo barrio, casi en la misma calle. Prácticamente inseparables desde ese momento, Blanca y yo fuimos conociendo al resto de las personas con las que pasaríamos nuestros cuatro años universitarios.

Y sí, justo seis años después, el 29 de septiembre de 2009,¡vamos, antes de ayer!, me encontraba de nuevo delante de la universidad. Esta vez, para tomar una rica Coca Cola y unas raciones con cuatro de las personas que hace seis años conocí en ese mismo lugares y con las que he vivido interesantes experiencias, ¡hasta la de montar una empresa! ¿La elección de la fecha?, de nuevo casualidad. Ninguna de ellas se acordaba de que hacía seis años habíamos empezado, oficialmente, nuestra andadura universitaria.

Foto: detalle de una escultura de la Universidad Carlos III de Madrid, campus de Getafe. Español sin fronteras