jueves, 15 de octubre de 2009

Blog Action Day'09: mi granito de arena


Hace unos días, una amiga, y blogger, me mandó una invitación a Facebook para formar parte del grupo Blog Action Day'09 en Español y participar en esta iniciativa. El tema/problema de este año: el cambio climático. Y aquí va mi granito de arena: el reciclaje.

Contenedor azul: papel. Contenedor verde: vidrio. Contenedor amarillo: envases de plástico, metal y briks. Contenedor naranja: residuos orgánicos. Para todo lo demás, el Punto Limpio, que para esto no vale la MasterCard. Los colores de los contenedores, y lo que en cada uno hay que tirar, es una de las cosas que mejor aprendidas tengo. Y es que esto de reciclar es otra de mis grandes manías, bien lo saben mis amigas y compañeras. Y es que en la oficina no superviso la basura por vergüenza, pero yo, que me siento al lado de la papelera del papel (para tirar en el contenedor azul) y la del plástico ( para tirar en el contenedor amarillo), pongo la voz en grito en cuanto alguien tira un desperdicio a donde no se debe tirar; algo que ocurre con frecuencia.

En casa, en Madrid, cuando me instalé hace ya seis años, lo primero que hice fue establecer cuatro zonas de basura en la cocina:
  1. Zona cubo: vamos, el cubo de toda la vida, para tirar la materia orgánica (contenedor naranja)
  2. Zona envases: bolsa de plástico arrinconada en la cocina para los envases de plástico, metal y briks (contenedor amarillo)
  3. Zona papel: bolsa de papel, colocada al lado de la bolsa de plástico, para los desperdicios de papel y cartón (contenedor azul)
  4. Zona vidrio: rincón encima de la lavadora, para todos los frascos, botes, botellas y botellines que vamos acumulando.
Más tarde, añadimos una quinta zona residual en nuestra cocina: la del aceite, en donde tiramos el aceite usado y requeteusado en una botella de plástico.

En la casa del pueblo me costó un poco más hacer esta gran división de basuras. Desde siempre, en casa se había reciclado el papel y el vidrio, incluso cuando no había contenedores verdes ni azules en el pueblo e íbamos al de al lado, más grande, con el maletero lleno de periódicos y con la banda sonora de los botes de cristal chocando entre ellos. Pero lo del contenedor amarillo, ¡era otra historia! Desinformación, falta de costumbre y pereza hacían que su uso no fuera tan atractivo. Grata sorpresa me llevé cuando un fin de semana descubrí que mis padres también tenían su 'Zona envases'.

'¿Reciclar, para qué? Si luego lo juntan todo', me argumentan muchos de mis amigos cuando sale este tema. Pues mira, yo no sé si los camiones de la basura (sean del color que sean) se deshacen de su mierda en un mismo montón, mezclándose todos los colores tras una exhaustiva tarea tuya de separación, ¡espero que no! Pero a mí no me cuesta nada, ¡nada!, separar mis desperdicios. No me cuesta nada tener cuatro basuras diferentes, y no, no tengo una cocina especialmente grande. No me cuesta nada pararme a pensar en qué contenedor se tira ésto y en cuál lo otro. No me cuesta nada tener que abrir cuatro contenedores diferentes.Y es que, ¡no me cuesta nada reciclar y me gusta reciclar! Es simplemente concienciarse para que al tiempo pase a ser una costumbre, una buena cosumbre, una rutina, una buena rutina.

Creo que actos tan simples y sencillos, como separar la basura y tirarla en el contenedor adecuado, son una manera de ayudar y de contribuir en, y para, el cuidado del medioambiente y, en extensión, a reducir y paliar el cambio climático. Pequeños detalles pueden tener consecuencias importantes y positivas. Pero claro, ¡no vale con que lo hagan sólo unos pocos!

Ahí lo dejo...

jueves, 8 de octubre de 2009

Una manía


Reconozco que tengo unas cuantas manías, o sufro unas cuantas manías, según como se mire. Por descontado queda que quienes me rodean también las sufren, ni qué decir tiene que, sin duda, más que yo.

Una de esas manías es la de organizar las fotos en el ordenador antes de guardarlas en CDs. El primer paso es descargar las fotos en la carpeta 'Fotos'. Pero no en la carpeta de 'Mis imágenes' que trae ya predeterminada el ordenador, ¡faltaría más que Bill Gates también me diera directrices sobre cómo organizar las carpetillas de mi ordenador personal! Ya condiciona demasiado mi vida como para hacerle caso también en ésto; que crear una carpeta en Windows sé hacerlo yo solita.

Una vez descargadas las fotos las organizo, ordeno y nombro minuciosamente por temas/situaciones, en diferentes carpetas, ¡por supuesto!. Que si fin de semana en no sé dónde y de no sé qué mes, que si chuletada de no sé que día con los amigos de no sé donde, que si cumpleaños de no sé quién, que si huerta del Padre floreciendo no sé qué día de primavera... Temas/situaciones tan diferentes, como iguales, que va plasmando mi Olympus.


Además, cada carpeta lleva su fecha, ¡no vaya a ser qué no me acuerde de cuándo tomé la instantánea de ese tomate enrojeciendo!. Y si cada carpeta va fechada, no va a ser menos cada foto. Así que acompaño a cada una de ellas con un cuándo, pero también con un dónde y con un quiénes en ella salen. Gran problema me surge cuando las fotos son de grupo... Al que se suma otro, ya que por todos es sabido que los carretes de las cámaras digitales no se gastan tan fácilmente como los de las cámaras analógicas, así que mi paciencia se pone a prueba cada vez que realizo tal tarea.


En realidad esta manía de tener controladas las fotos no viene de ahora. Cuando aún no existían las cámaras digitales, yo me encargaba de poner en el reverso de las fotos familiares esto mismo. Al principio como obediencia a una orden de mi madre, pero más tarde lo hacía por gusto y con gusto. Porque de siempre me ha gustado, cuando he encontrado alguna foto por casa, saber cuándo fue hecha con solo darle la vuelta.


Numerarlas, nombrarlas, fecharlas, ordenarlas... Y es que aunque pesado y metódico, me gusta eso de organizar mis fotos. No por la calidad artística de las imágenes, que no la tienen, sino porque al fin y al cabo son mis momentos y mis recuerdos. Simplemente, mis recuerdos organizados a partir de una costumbre que se ha convertido en manía.

Foto 1: Amapolas. Fuentepiñel. 30 de mayo de 2009.
Foto 2: Aperos hortelanos para hacer la peña. Cabezuela. 4 de septiembre de 2009.
Foto 3: María, Miguel y Ana. Fuentepiñel. 31 de mayo de 2009.
Foto 4: Una puerta de la Alhambra. Granada. 17 de septiembre de 2009.

domingo, 4 de octubre de 2009

Trabajando desde mi patio


El sábado fue la primera vez que mi portátil vino a mi casa, la del pueblo, la de mis padres. Así que, como estaba sola por compromisos varios de mis progenitores, lo primero que hice tras entrar en casa fue abrir el maletín del ordenador, sacarlo y encenderlo, para comprobar si el interné funcionaba. Y sí, las zonas rurales también están enredadas, ¡con wifi y todo! Aunque las conexiones dejan mucho que desear y los días de desconexión abundan.

¡Joé!, que sí que funciona, me dije; y más rápido de lo normal, pensé. Y no es que me encante estar enganchada al ordenador y a Internet, lo que pasa es que necesitaba saber si podría trabajar desde casa; lo cual tampoco era necesario. Y eso que a mí pronto se me llenan los ojos de megapíxeles así como, bien es sabido, no suelo coger un ordenador los fines de semana que estoy en el pueblo. Pero no sé por qué, el sábado me apetecía hacerlo. Sí, desde el patio, sentadita en una tumbona.

Así que por la tarde, tras una comida más que agradable con una amiga opositora, me busqué un rinconcito en el patio, evitando las sombras y reflejos en la pantalla y allí, tranquilamente, disfruté tecleando, trabajando. Y sí, digo bien, ¡disfruté trabajando!

** Por cierto, esta foto que he encontrado me ha encantado. Imagínense a un agricultor cualquiera actualizando su Facebook apoyado en la alpaca; informándose de la subida o bajada de la Bolsa; haciendo una videoconferencia con su amigo el de Houston o simplemente divisando sus tierras desde Google Earth.

¡Ah! Mi patio no tiene alpacas, aunque sí lilos, geranios y hierba buena.

Foto: WirelessInternet Reviews