lunes, 19 de octubre de 2009

Empezamos la semana carlostercerística


Paseaba por los stands de Aula, en su edición de 2003, cuando se despejaron mis dudas sobre qué carrera estudiaría. Sí, fue así, de inmediato, tras un paseo por un pabellón de IFEMA lleno de azafatas intentando que estudiaras en la universidad que representaban. Tras un 2º de bachillerato con la cabeza llena de dudas sobre mi futuro académico, y supuestamente profesional, volví a mis orígenes: quería ser periodista y estudiaría periodismo (¿Fui una ilusa...? ¿Sigo siendo una ilusa...?). Lo que no recuerdo con tanta claridad es la elección de la universidad. Supongo que ese año los becarios contratados para tal feria me convencieron rápido o que, visto objetivamente, la Universidad Carlos III de Madrid es una de las universidad públicas que mas buena pinta tienen, entre otras cosas por sus clases reducidas (o más reducidas que en la mayor parte de las públicas) y su gran oferta de recursos para uso y aprovechamiento del alumnado (esto también merece un paréntesis, pero quizá lo aclare más tarde o durante esta semana). Y claro, a una así, se la camela. Más tarde descubriría que su eslogan, algo así como 'La pública, la diferencia', era más que cierto, ¡y en prácticamente todos los ámbitos! No todos de forma positiva.

Así que tras aprobar la selectividad (mi nota no me dio para hacer la Conjunta: Periodismo y Comunicación Audiovisual) y hacer la preinscripción, mi orden de preferencia, en cuanto a centros universitarios se refiere, empezaba con la Carlos III, en su campus de Getafe (la separación, siempre tan polémica, de Ciencias y Letras está aquí muy presente y es sinónimo de: Leganés y Getafe, respectivamente; Colmenarejo no entra dentro de este distintivo... ¡que para eso está muy lejos!).

Tras un verano de papeleos desde la lejanía y cabreos de mis padres por la desesperación, más que comprensible, de tener que hacer mi matrícula porque durante el periodo de plazos estás disfrutando de una beca en Inglaterra, llegó septiembre y mi primer pie puesto en tal universidad. Fue el dia de La Presentación, en la que el decano de nuestra carrera ya se encargó de nuestras perspectivas se esfumaran en un momento. Lo único que medio-recuerdo fue algo así como que no pensáramos hacer programas de radio ni periódicos universitarios, porque de éso no había... No sé, a mí me sorprendió. No por la influencia de esas series americanas de institutos y universidades en donde los protas colaboran en la radio del centro educativo o escriben artículos revindicativos en la revista, sino porque tanto bombo y tanto platillo con las prácticas y los recursos en manos del alumnado y ahora nos dicen que lo que aprendamos no lo podremos aplicar, ni aprovechar, de forma interna. ¡Pues vaya! Y ahí se quedó la cosa y así fue como la cosa pasó.

Las asignaturas del primer año... Una mirada al colegio. Que si Lengua Española I, la lengua de toda la vida; que si Literatura Contemporánea, literatura; que si Historia de España, más aprendí en años anteriores... En concreto de estas tres asignaturas, lo primero que se me viene a la cabeza (no quiere decir que lo haya aprendido, simplemente es lo primero que recuerdo) es:
  • Lengua Española I: cómo escribir las bibliografías, distinguiendo libros, enciclopedias o páginas web.
  • Historia de España: que a partir de un libro sobre la historia del Real Madrid, (sí, el equipo de Florentino), se entiende la historia de España.
  • Literatura contemporánea (¿o era Movimientos Literarios Contemporáneos...?): cómo limitar los movimientos de un profesor por usar un micrófono enganchado a un altavoz por tener un tono de voz sin decibelio alguno o cómo leer Trilce en el tren desde Atocha a Getafe, es decir en 20 minutos y sin entender nada. He de reconocer que si no fuera por esta clase no habría leído libros que me gustaron mucho y que no hubiera conocido a autores que aún rondan en mi cabezota.

Y así acaba este mi primer post participativo en la Semana de Yo sobreviví a la Carlos III. Un post que no tiene una continuidad argumentativa ejemplar, de hecho yo diría que no tiene continuidad, así como tampoco una conclusión. Simplemente un montón de ideas y de recuerdos de una sobreviviente.

Foto: chicos.net

Semana temática: Yo sobreviví a la Carlos III


He aquí la lista de los blogs que participaremos en esta Semana Temática a la que hemos dado el nombre de Yo sobreviví a la Carlos III, o UC3M, como prefieran:
Evento que pretende acoger los buenos recuerdos, y los malos, las experiencias y anécdotas de las participantes (¿o debería ser 'participantas'?) durante sus años universitarios en la Carlos III.

Aunque sólo autora de uno de los blogs participantes, les invito a que pasen y lean


Foto: Logo realizado para el evento por Laura

jueves, 15 de octubre de 2009

Blog Action Day'09: mi granito de arena


Hace unos días, una amiga, y blogger, me mandó una invitación a Facebook para formar parte del grupo Blog Action Day'09 en Español y participar en esta iniciativa. El tema/problema de este año: el cambio climático. Y aquí va mi granito de arena: el reciclaje.

Contenedor azul: papel. Contenedor verde: vidrio. Contenedor amarillo: envases de plástico, metal y briks. Contenedor naranja: residuos orgánicos. Para todo lo demás, el Punto Limpio, que para esto no vale la MasterCard. Los colores de los contenedores, y lo que en cada uno hay que tirar, es una de las cosas que mejor aprendidas tengo. Y es que esto de reciclar es otra de mis grandes manías, bien lo saben mis amigas y compañeras. Y es que en la oficina no superviso la basura por vergüenza, pero yo, que me siento al lado de la papelera del papel (para tirar en el contenedor azul) y la del plástico ( para tirar en el contenedor amarillo), pongo la voz en grito en cuanto alguien tira un desperdicio a donde no se debe tirar; algo que ocurre con frecuencia.

En casa, en Madrid, cuando me instalé hace ya seis años, lo primero que hice fue establecer cuatro zonas de basura en la cocina:
  1. Zona cubo: vamos, el cubo de toda la vida, para tirar la materia orgánica (contenedor naranja)
  2. Zona envases: bolsa de plástico arrinconada en la cocina para los envases de plástico, metal y briks (contenedor amarillo)
  3. Zona papel: bolsa de papel, colocada al lado de la bolsa de plástico, para los desperdicios de papel y cartón (contenedor azul)
  4. Zona vidrio: rincón encima de la lavadora, para todos los frascos, botes, botellas y botellines que vamos acumulando.
Más tarde, añadimos una quinta zona residual en nuestra cocina: la del aceite, en donde tiramos el aceite usado y requeteusado en una botella de plástico.

En la casa del pueblo me costó un poco más hacer esta gran división de basuras. Desde siempre, en casa se había reciclado el papel y el vidrio, incluso cuando no había contenedores verdes ni azules en el pueblo e íbamos al de al lado, más grande, con el maletero lleno de periódicos y con la banda sonora de los botes de cristal chocando entre ellos. Pero lo del contenedor amarillo, ¡era otra historia! Desinformación, falta de costumbre y pereza hacían que su uso no fuera tan atractivo. Grata sorpresa me llevé cuando un fin de semana descubrí que mis padres también tenían su 'Zona envases'.

'¿Reciclar, para qué? Si luego lo juntan todo', me argumentan muchos de mis amigos cuando sale este tema. Pues mira, yo no sé si los camiones de la basura (sean del color que sean) se deshacen de su mierda en un mismo montón, mezclándose todos los colores tras una exhaustiva tarea tuya de separación, ¡espero que no! Pero a mí no me cuesta nada, ¡nada!, separar mis desperdicios. No me cuesta nada tener cuatro basuras diferentes, y no, no tengo una cocina especialmente grande. No me cuesta nada pararme a pensar en qué contenedor se tira ésto y en cuál lo otro. No me cuesta nada tener que abrir cuatro contenedores diferentes.Y es que, ¡no me cuesta nada reciclar y me gusta reciclar! Es simplemente concienciarse para que al tiempo pase a ser una costumbre, una buena cosumbre, una rutina, una buena rutina.

Creo que actos tan simples y sencillos, como separar la basura y tirarla en el contenedor adecuado, son una manera de ayudar y de contribuir en, y para, el cuidado del medioambiente y, en extensión, a reducir y paliar el cambio climático. Pequeños detalles pueden tener consecuencias importantes y positivas. Pero claro, ¡no vale con que lo hagan sólo unos pocos!

Ahí lo dejo...