jueves, 31 de marzo de 2016

Tac, tac, tac

El sombrío salón conserva  el fresco en el verano, por eso la máquina de coser colocada a la luz del ventanal que da a la calle no descansa en toda la mañana. Tus pies pequeños mecen el pedal al son de una aguja que con su rítmico vaivén dibuja con hilos de colores en las suaves telas que colocas bajo su afilado movimiento. Tac, tac, tac; suenan al unísono aguja y pedal. Tac, tac, tac.

Mantón de manila bordado por la abuela Juanita. M. San Felipe

El alféizar del ventanal hace las veces de estantería. Las bobinas de colores, cuidadosamente colocadas en cajas de plástico con tapas transparentes, parecen un muestrario que no pasa desapercibido ante los ojos curiosos de una niña, pero no se tocan. Son los hilos de la abuela, los de bordar joyas, se llamen sábanas o mantones de manila, como esos que enviabas a artesanos de Sevilla para que les pusieran flecos.  

Tac, tac, tac. En invierno la máquina de coser no descansa, sólo cambia de ubicación, pasa a colocarse en el cuarto, al calor de la estufa de leña y al lado de la ventana que da al patio. Tac, tac, tac. Los gatos se agolpan en el cristal, parecen hipnotizados por el ritmo del pedal y la aguja; quizá no quieran perderse nada de tu trabajo.

Ahora colocas tela sobre tela, dibujas cuadrados. Las antiguas planchas de hierro se calientan en la estufa, ahí donde después asarás castañas y cocerás agua con alguna hierba bien oliente. Te ayudan en la labor, a alisar las arrugas de las telas que llamas trapos y con los que haces tus tesoros de patchwork, una técnica que aprendes de forma autodidacta y a la que tú llamas pasguord. Los trapos que un día se convertirán en colchas, cojines y cortinas se guardan por tonalidades en cajas bajo el sofá. Es el muestrario de invierno, hecho a base de jirones ordenados y bien cuidados entre los se reconocen camisas y pantalones familiares ya desechados.

Tac, tac, tac, es la melodía de una vida dedicada con gusto a la costura y el bordado. A tus labores, abuela, ese legado que querías dejarnos. Tac, tac, tac. Ese tesoro.

jueves, 11 de junio de 2015

Época de lluvias


Monzón en Nepal, Meteorología en red

Llueve. Menuda tormenta está cayendo, pienso mientras me doy media vuelta en la cama apurando los últimos minutos antes de levantarme. El golpear de las gotas de lluvia en suelo y tejados es tan fuerte que no distingo si es granizo. Algún trueno no muy lejano trunca su compás con un gran estruendo. Me gusta oír llover, me digo mientras sigo remoloneando.

Este agua tan deseada ha llegado aquí en forma de tormenta, a Nepal está a punto de llegar en forma de monzón. La época de lluvias es inminente.Allí, las gotas golpearán la lona de las tiendas de campaña que se han convertido en las casas de muchos tras los terremotos. Unas gotas de lluvia que con sus charcos, su barro, sus incomodidaes y enfermedades no permiten ni un segundo de remoloneo.

La naturaleza, y sus caprichos. Las personas y su humanidad.


jueves, 12 de marzo de 2015

Hasta siempre, Haya

Haya. M. Ángeles García

Hoy se ha muerto Haya, la perra de unos grandes amigos y fiel compañera de unas grandes personas. Desde que me he enterado estoy  triste y llena de rabia. Haya ha fallecido por un envenenamiento que ha acabado con sus riñones, su hígado y, finalmente, con su vida. Quiero pensar que la intoxicación ha sido casual, consecuencia de esa curiosidad canina que lleva a los perros a meter el hocico e hincar el diente a cosas que no deben.

Parece ser que la primavera es una época de repunte de estas muertes, muchas plantas que ahora brotan son tóxicas para los perros y estos las ingieren sin saberlo. Pero también son provocadas por personas malintencionadas que colocan cepos envenenados en parques y lugares de recreo. Supongo que se trata de animales de dos patas que quieren acabar con animales de cuatro vete tú a saber por qué. ¿Cómo comprender las razones de alguien al que se le ocurre poner veneno en espacios públicos con la intención de para acabar con las mascotas de sus vecinos, además de poner en peligro a otras personas, especialmente a los niños, quienes frecuentan los parques con sus juegos y juguetes?

Haya, tus gruñidos no sonarán cuando llamemos al timbre, pero allá donde estés nos darás la bienvenida atiborrándote de salchichas.