martes, 1 de julio de 2014

Mi Prima



Mi Prima tiene los ojos grandes, el pelo rubio y las manos pequeñas.

A mi Prima le encanta nadar, ¡y lo hace fenomenal! Recuerdo el primer día que fui con ella a la piscina. Sin apenas haber estirado la toalla, no tardó en quitarse la ropa, quedarse en bañador y salir corriendo hacia al agua. Yo, su prima mayor, la perseguía como una loca agitando los brazos y gritando: ¡no, no, a lo hondo no!, mientras ella se zambullía en la zona más profunda de la piscina para salir un par de segundos después con gesto de sorpresa y preguntando: "¿qué pasa, prima María?, ahora voy a hacer el gusano"; me decía a la vez que volvía a sumergirse como una sirena cambiando mi cara de loca a la de auténtico ridículo. ¡¿Cómo no va a saber nadar si va a la piscina casi todas las semanas y ha tenido la suerte de mojarse en el Caribe y de bañarse en las paradisíacas playas tailandesas?! Primas mayores, ¡que no saben!

Mi Prima es una viajada, ya lo decía mi abuela: esta niña a sus doce años ha montado en avión por ella, por mí y el abuelo. Y no sólo en avión, es una gran viajera de carretera, sobre todo de furgoneta, que es lo que tiene ser hija de artistas. Cuando no tiene colegio, mi Prima se va de gira. No es de esos niños que no paran de preguntar "¿cuánto queda?", ni de decir "me hago pis", pero sí es de aquellos que piden música y no paran hasta que se les hace caso y la corean sin parar al unísono del casete. Paco Ibáñez es su cantante más solicitado para viajar pero, no se vayan a creer, sus gustos musicales van más allá de los cantautores, bien lo sabe el buscador de su ordenador en donde el nombre de Shakira ya se escribe solo, y es que en la furgoneta es difícil bailar, pero en casa no hay problema. 

Incansable con una comba y con un balón, puede dejarte con una buena paliza después de jugar en el jardín a encestar la bola en la canasta. Tampoco le hace ascos a una raqueta con cualquier pelota a la que golpear, decir los números en cada golpe o enumerar animales en cada raquetazo es una variante del juego que, aunque no siempre le hace gracia, acaba por aceptar.

Sus rotuladores y lápices de colores sirven para pintar, pero también para encestarlos en la caja grande de plástico donde los guarda, siempre me pregunto cuántos, de las decenas que debe guardar, realmente pintarán. Las barajas de cartas también son su pasión, pero no porque le guste jugar al póquer, la brisca o el mus, sino porque es muy entretenido toquetearlas mientras ve una película. Mi Prima es una fanática de los dibujos animados y no se cansa de ver las mismas historias una y otra vez. Frozen y ella se han hecho ya íntimas amigas.

Como a las princesas de sus cuentos, a ella también le gustan los caballos, además le encanta corretear detrás de las gallinas y sacar a pasear a sus perras, sobre las que le gusta aclarar que son perras y no perros.

A mi Prima no le gustan los dulces, pero le encantan las aceitunas verdes, el sushi y el chorizo, aunque por las noches siempre repite caldo de verdura, sobre todo ahora que ha descubierto que las hojas son muy buenas porque tienen hierro.

Lo que más le gusta a mi prima del colegio son las clases de Educación Física, las excursiones y las vacaciones, y aunque le cuestan las matemáticas a sus 12 años sabe muy bien qué supone multiplicar 21x3.

Ahora ella ya está de vacaciones y este verano, cuando por fin haga calor y podamos ponernos el bañador, volveremos a ir a la piscina pero, esta vez, no pienso perseguirla como una loca mientras corre al agua, esta vez nos tiraremos juntas y bucearemos de la mano haciendo el gusano.

Foto: M. San Felipe. Mi Prima  y el mar Mediterráneo


** A mi Prima, que ha pasado de ser la prima pequeña a ser hermana mayor. Te quiero, te admiro **

sábado, 8 de febrero de 2014

Un pueblo llora

Hay días tristes, hoy es uno. Las nubes se han tornado grises y la lluvia empapa el estado de ánimo del pueblo que llora a los seres queridos que una fea jugarreta del destino se ha llevado.

Fría y triste mañana la de hoy. La gotas de lluvia se confunden con las lágrimas, la tristeza con el cielo encapotado, la impotencia y desazón se envuelven con los recuerdos.

Paz y descanso para los que se fueron, fuerza y ánimo para sus allegados. La pena, el dolor y el llanto de Cabezuela se han apoderado.

Noticia: El Adelantado de Segovia

sábado, 30 de noviembre de 2013

Llega el frío, llega La Feria de Turégano


Cuando era pequeña vivía en Turégano y cuando se acercaba el final de noviembre llegaba el frío y también La Feria. La plaza se llenaba de tractores y de otro tipo de maquinaria agrícola que simplificábamos llamándola arado pero que en realidad se llama vertedera, sembrador o empacadora.

Durante la semana previa a La Feria veía desde casa cómo la plaza se llenaba de colores según los camiones descargaban la maquinaria para exponerla a la venta durante el fin de semana. Verde, rojo, azul y amarillo pasaban a ser los colores que veía desde mi ventana, los colores de las marcas que ondeaban en las banderas: John Deere, Valtra o New Holland. Casas ingenieras agrícolas que han dejado atrás a las cabezas de ganado que hace no tantas décadas eran las ofertadas, compradas y vendidas en tan famosa cita agropecuaria celebrada desde hace siglos.

Y La Feria llegaba el último fin de semana de noviembre, entorno al día 30, San Andrés, santo que le da nombre. El viernes, cuando salíamos del colegio, sabíamos que ese fin de semana iba a ser especial. Las calles cercanas a la plaza se llenarían de puestos de calcetines, guantes y gorros, de bacalao y encurtidos, vendría la churrería y el puesto de pan con bizcochos típicos de pueblos no muy lejanos; también estaría el puesto del vino, el de los quesos y el de los embutidos. Sabíamos que bien abrigados podríamos pasar todo el fin de semana en la calle, jugando al escondite entre los tractores, yendo y viniendo entre los puestos de La Feria o irnos a tomar una Coca Cola a los bares, esos lugares que aún no frecuentábamos. Y que el domingo terminaríamos comprándonos un par de guantes, unos cuantos calcetines y, quizá, sudando en la cama un buen constipado, ¡pero eso no importaba demasiado!

Foto: Mónica Rico, El Norte de Castilla