miércoles, 30 de diciembre de 2009

Últimos días del año: súper vacaciones

Estos días tan señalados son propicios para hacer balance del año, pero a mí no me apetece pensar en los 364 días pasados, ni en los casi 12 meses cortados del calendario. Así que voy hacer balance de mis súper vacaciones, similares a las de los niños por la de días ociosos y los deberes que tengo que hacer. En cuanto a los deberes creo que, cuando vuelva al cole, las profes me van a dar un par de collejas, como a los niños malos y poco trabajadores (o quizá no, no vaya a denunciarlas por malos tratos al alumnado, y según están las cosas...).

Para el balance, voy a dividir mis súper vacaciones por semanas, ¡sí, por semanas! Es una de las ventajas que tiene ser trabajadora por cuenta propia, pero claro, también hay que tener en cuenta que hasta estas fechas, la suma de los días libres de las tres de Airevisual no sumaban ni veinte. Desventaja de ser trabajadoras por cuenta propia.


- Semana 1:
comencé mis vacaciones con una comida navideña en buena compañía, un día de matanza (de cerdo, ¡claro!), una despedida y un constipado que sigo arrastrando.
La comida fue navideña por las fechas, ya que más bien fue de reencuentro o de pre-cumpleaños. Con ella y con un rico brownie compartido empezaron mis días libres.
Con mi constipado dando guerra, me dispuse a ayudar en la matanza. ¡Sí, se sigue haciendo! Y qué ricas saben estas viandas el resto del año, sobre todo el chorizo casero secado con el humo de una buena lumbre. Así que, para poder degustarlo, preparé el orégano para el adobo, pelé y machaqué ajos, separé la carne de la grasa e hice las cuentas que se me mandaron para hallar las proporciones de los condimentos para la conservación de la carne (aunque no las aprendí). Tareas supervisadas a peticón propia, no fuera mi inexperiencia a estropear tan ricos manjares.
Llegó el sábado y el viaje al aeropuerto para despedir a mi churri y mi tío antes de embarcar hacia Nepal. Tras no poder agitar el pañuelo blanco a ningún avión de Qatar Airways por un retraso en el despegue, llegó el momento de mi gran hazaña: salir del aeropuerto, recoger a mi hermana en su casa y volver al pueblo; todo ello conmigo al volante (persona a la que el coche le da un poco de respeto, y más aún las autopistas).
Para acabar la semana, cenita tranquila de hermanas, unas copichuelas sin alcochol y una buena charlotada.


- Semana 2: la segunda semana de vacaciones pasó entre la desesperación de las primeras compras navideñas, el cumpleaños de mi prima pequeña, un viaje inesperado a Renedo de Esgueva (Valladolid), las primeras cenas/comidas navideñas/familiares y medio fin de semana de amigas.
Ya se sabe como es ir de compras en Navidad, a lo que si se le suma la desgana y el poco gusto por ir de tiendas, tenemos una ecuación cuasi catastrófica. De todas formas, no fue del todo mal, aunque eso sí, tuve que volver otro día (ya en la Semana 3).
Al día siguiente, mi hermana (de vacaciones también) y yo, no quisimos perdernos la actuación navideña de mi prima, ni tampoco su fiesta de cumpleaños. Tras llegar tarde al festival del colegio, llegamos justo para ver el aburrido baile de su clase, un villancico titulado Navidad Rock. Con ganas de preparar sandwich, platos de gusanitos y gominolas, ayudamos a mis tíos a preparar la mesa de cumpleaños. La fiesta, ¡un éxito! A lo que ayudó una piñata poco convencional, casi irromplible, y un escenario, hecho con una sábana, para que los niños invitados se divirtieran haciendo teatrillos de sombras. Juegos que sólo se le podrían ocurrir a tu tía titiritera. De hecho, el viaje inesperado al pueblo vallisoletano se debió a una de sus actuaciones. Tras otra hazaña frente al volante, pude disfrutar de Palabras de Caramelo (premio al Mejor Espectáculo, FETEN 2009) la última obra de su compañía, Maria Parrato. Función que me calentó el alma en un frío salón de actos de la llanura castellana.
En este punto, llegan y pasan las copiosas cenas y comidas típicas de estas fechas, para terminar la semana en mi nueva casa y en buena compañía, unas cuantas cervezas, una buena peli con manta en el sofá y un domingo de domingueras por La Granja, disfrutando de sus jardines invernales.


- Semana 3: hasta el momento puede llamarse la semana de los reencuentros.
Quedadas cafeteras con amigas que hacía tiempo que no veía es lo más destacable de estos tres días que llevamos de semana. Quizá el viernes decida llamarla la semana de la resaca... ¡Espero que no!
¡Ah! También he terminado las compras navideñas, que no es moco de pavo (animal muy navideño).

Así que, creo que el balance que hago de mis últimos días del año es positivo, o al menos aprovechados. Además, estar en casa tantos días es algo que no me pasa habitualmente (no me acuerdo cuándo fue la última vez), así que, sólo por éso, estas súper vacaciones ya han tenido mucho de positivo.


Foto 1: Brownie, Keko
Foto 2: Palabras de Caramelo (Títeres de Maria Parrato), Titeresnet
Foto 3: Detalle de la canalización de los jardines de La Granja de San Ildefonso (Segovia), M. San Felipe

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Sequía


Llevo una semana de vacaciones y, la verdad, se me han ocurrido mil temas sobre los que escribir, pero entre los problemas que he tenido con Internet, la pereza, la nula disposición a sentarme un rato frente al ordenador y que a una, de vez en cuando, le gusta desintoxicarse un poco del mundo digital, a este blog le ha llegado otra época de sequía.

El martes estuve actualizándome en la lectura de todos los blogs en los que escribo. ¡Me encantó! Gracias chicas (todas son bloggeras) porque me hicistéis pasar un muy buen rato. Aunque hoy me he dado cuenta de que tengo unas cuantas entradas más por leer. Creo que ya lo dejo para mañana, día en el que me he propuesto empezar con mis deberes del trabajo y que pasaré muchas horas frente al ordenador, y espero que conectada a Internet, ya que no me extrañaría que mi conexión fallara, ¡todos conocemos la Ley de Murphy!

Foto: INTELVID

lunes, 7 de diciembre de 2009

Semana de finales



El jueves vi el último capítulo de la quinta temporada de Perdidos. Ayer, domingo, vi la final dePekín Express. Tanto la serie como el programa son de las producciones televisivas que más me gustan.

Conocí Perdidos hace dos años gracias a Blanca. Empecé a ver la serie con ella y con Irene, en una especie de cine fórum que nos montábamos en nuestra pqueña oficina recién estrenada. Creo que nos juntábamos los miércoles por la tarde, y aprovisionadas de guarrerías varias para picotear, de vez en cuando se nos unía algún amigo. Pero pronto llegó el momento de la traición. La curiosidad nos pudo y cada una fue avanzando capítulos por su cuenta, lo que provocó la clausura de nuestras sesiones de tarde. En estos dos años he seguido viendo Perdidos entre atracones de capítulos y pausas eternas; casi siempre con alguien, sobre todo con mi prima, encantada de volver a ver los episodios. Gracias a ella conseguí gran parte de la serie y, por su amable insistencia, terminar de verla.


Pekín Express me enganchó en su primera temporada (el año pasado). No lo vi desde el principio, pero en cuanto lo descubrí, mis noches de domingo eran reservadas para recorrer Asia. Con envidia y admiración seguía el reality de la bandera roja. Tanto me gustó el programa que con ganas me quedé de presentarme al casting (¡sorpresas que una se da a sí misma!). Una llamada de mi tío hizo que empezara a ver la edición de este año. La carrera de ese día transcurriría en Nepal, por si quería verlo. No lo dudé, ya que me hacía gracia conocer algo del país en el que van a pasar tres semanas invernales mi chico y mi tío (el de la llamada). Así que, de nuevo, mis noches de domingo (hasta ayer) fueron reservadas para recorrer Asia haciendo auto stop desde mi sofá. El año pasado mis compañeras de viaje fueron mi hermana y mi prima (sí, la de antes), en esta edición lo ha sido mi novio.

Por fin, la semana pasada me planté delante del ordenador a ver el doble capítulo final de la quinta temporada de Perdidos. Sola. No es que estuviera sola en casa, pero mi chico no quiso acompañarme. Lo entiendo, pasarse hora y media viendo algo de lo que sabes que no te vas a enterar, pues como que no apetece. ¡No me enteraba ni yo! Así que, sin poder compartir comentarios, sensaciones y opiniones, sufrí sola frente a la pantalla del ordenador, con los cascos puestos, todo lo que les ocurría a los de la isla. Cuando terminó el capítulo, ya era demasiado tarde como para llamar a alguien e intercambiar impresiones. Algo que, por supuesto, hice al día siguiente. Por ello, a mi novio no le quedó otra que hacer que mostraba interés por lo que yo le contaba tras hora y media cegada por una pantalla de 15 pulgadas. Debió de apreciar mi gran necesidad.

Ayer, más de lo mismo, pero con la final de la segunda edición de Pekín Express. Esta vez, tuve que verlo sola por circunstancias que se dieron con eso del puente para unos y el no puente para otros (como yo). Así que no pude compartir con nadie en directo mi alegría por la victoria de una pareja de amigos cuarentones y de pueblo (Carmela y Antonio) frente a dos policías treinteañeros, cachitas, atractivos y de ciudad (Fran y Merino). Eso sí, mi prima (sí, la de antes), que estaba de celebración cumpleñera, no dejó de comunicarse conmigo por teléfono para presenciar, de alguna manera, tal momento. Mi chico tampoco se olvidó. Esta vez, momento compartido, aunque fuera desde la distancia.

Fotos: Perdidos, fotograma de la quinta temporada. PekínExpress, bandera del programa.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Lunes por la mañana: ¡maldita Sepulvedana!


Suponte que te levantas un lunes a las siete menos cinco de la mañana (o a las 6:55, que parece más temprano), te deslegañas para empezar a ser persona y abres la ventana de la habitación para ver si la nieve que amenazaba ayer ha cubierto los tejados. ¡No! No ha nevado; pero sí hace frío, mucho frío. Te vistes, desayunas, te peinas, te pones tu abrigo y te enfundas al cuello el pañuelo más grande que tienes, para evitar al máximo que el frío se te cuele por esta parte del cuerpo (comprado, por cierto, en el desierto. ¡Qué cosas!).

Suponte que bajas a la calle a las siete y media, para estar en la parada del autobús a las ocho menos veinticinco y coger el autobús de las ocho menos veinte. Único medio de transporte que te puede llevar a tu lugar de trabajo hasta las 5 de la tarde (sin tener en cuenta alguna que otra combinación de transporte público que te lleva al pueblo de al lado y de allí a la capital).

Suponte que esperas, a menos dos grados bajo cero, a que tu medio de transporte llegue. Sí, ese medio de transporte por el que has pagado un bono mensual de más de 120 euros y que, finalmente, no llega. ¡Pero tranquilidad!, que la siguiente suposición es: suponte que te harán el favor de llavarte al pueblo de al lado en un minibús junto a tus compañeros de viaje, "para no dejaros tirados". Aviso: una vez allí tienes que comprar tu billete, sin numerar, con la incertidumbre de si el autobús que tu ticket indica tendrá plaza, ya que su origen no es la localidad en la que te encuentras y su destino es una de las universidades más grandes de la capital.

Suponte que consigues el penúltimo asiento libre, porque recuerda que una vez que el autobús llega a la estación se establece la ley del más fuerte: el que más cerca de la puerta consiga ponerse, antes entra.

Suponte que llevas un mes usando este servicio a diario y ya te has quedado un día en tierra, otro se rompió el autobús y otro es esta mañana de lunes. Lo que viene sumando 3 incidencias, en como mucho, 20 días.

Suponte que con esta empresa de transportes llevas viajando seis años casi todos los fines de semana. Suponte que ya habías sufrido su mal servicio. Suponte que no te queda otra que ser su cliente diario, porque bien sabes lo que es un monopolio.

Suponte lo que te queda por aguantar. Y supongo que hojas de reclamaciones por rellenar.

ACTUALIZACIÓN:
Suponte que el día siguiente de escribir este post (1 de diciembre), el autobús llega, pero los 70 kilómetros que tienes que recorrer hasta la capital tienes que hacerlos soportando el aire acondicionado.

Foto: Antonio Tanarro. El Norte de Castilla

jueves, 19 de noviembre de 2009

FICOD 09. Diario de mi segundo día


MIÉRCOLES 18 de NOVIEMBRE.

Palacio Municipal de Congresos. Campo de las Naciones. Madrid

11:25 horas. Puerta principal.
Mientras repaso la programación del segundo día de FICOD 09, decido sacar mi libreta marrón de papel reciclado y mi boli Bic. ¡Paradojas de la vida!, o de las nuevas tecnologías, me encuentro en el Foro Internacional de los Contenidos Digitales escribiendo un post a mano, en papel, de mi puño y letra y qué no sé cuándo publicaré.

11:37 horas. Planta 2 del Palacio Municipal de Congresos.
He decidio reengancharme a la mesa redonda Estretegias de distribución digital: ¿qué modelos de negocio están funcionando?, pero un completo en el aforo no me deja. Las dos salas preparadas para los asistentes están ocupadas, así como las sillas de la zona de paso, en donde se puede seguir el coloquio a través de una pantalla. Consigo llegar a la mesa de catering y pedir un café, este año parece que no hay presupuesto para croissants. De reojo busco un sitio para los próximos 20 minutos.
Mientras tomo mi segundo desayuno, delante de mi blog analógico me doy cuenta de lo rara que me siento aquí sola: Irene y Blanca están gastando baterías y minutos de cintas mini DV para ganarnos el pan. La primera está casi debajo de mis pies y la segunda en algún lugar de las entrañas de Madrid. Y yo de Congresista, que es como me presenta mi acreditación.
FICOD 09 es la tercera edición de este foro, aunque para mí (nosotras) es la segunda. El año pasado descubrimos su existencia de casualidad; de ese modo en el que las cosas más interesantes y enriquecedoras suelen aparecer. Esos tres días de noviembre de 2008 fueron como una gran bocanada de aliento, de aire fresco. No por los conocimientos adquiridos en su mesas redondas, talleres o sesiones plenarias; no por el hecho de ver y oír a grandes personalidades del sector; más bien por el ambiente que en este encuentro se respira, por sentirte un igual o por tener que elegir entre dos charlas que se dan al mismo tiempo, ya que consideras a ambas muy interesantes (ya sea a nivel profesional, personal o cultural).

12:49 horas. Puerta principal.
Ayer (martes 17 de noviembre), acudimos al acto de inauguración, presentado por Cristina Villanueva. Un poco de sobradas, no asistimos a la sesión plenaria de Kevin Spacey (no fue premeditado, sino circunstancias que se dieron) y acabamos en la zona de expositores (la feria del foro) haciendo relaciones. Y es que, aunque el acto inaugural acababa a las 11, no fue hasta las 12 cuando hubo movimiento en las escaleras y pasillos, hora en la que finalizó el monólogo de actor. Supongo que la organización no podía arriesgarse a que cualquier mesa redonda quitara expectación al momento que le daría mayor repercusión en los medios. Hollywood y Facebook tienen mucho más peso y tirón que cualquier Sebastián o cualquier González Sinde que se precien (presentes en el acto inaugural oficial). ¿O quizá esto se debió a que Estados Unidos era el país invitado de esta edición...?


13:13 horas. Planta 0. Taller 5: Adobe, herramientas de creación de contenidos en múltiples medios.
Como el año pasado, Twitter es la red social de este evento. De hecho, fue en FICOD 08 cuando oí hablar por primera vez de 'la red del pajarito'. Y en esta edición, más allá de verse en casi todas las pantallas de los portátiles y móviles de los asistentes, Twitter tiene una presencia protagonista. La celebración de cada una de las mesas redondas va acompañada por dos tipos de pantallas: la que retransmite el coloquio en directo y la que muestra en tiempo real lo que se comenta en Twitter sobre el tema tratado y lo que va aconteciendo. Se trata de tal interactividad que si al oyente le da vergüenza levantar la mano en el turno de ruegos y preguntas, puede rogar y preguntar usando esta herramienta. Y esta interactividad me ha llamado mucho la atención, aunque tengo sensaciones contrarias al respecto. Me parece útil si sigues la charla desde cualquier lugar fuera de la sala en la que se imparte, pero si estás dentro... ¿Por qué no levantas la mano? Esto todavía me cuesta entenderlo un poco.
¡Uy! Empieza el taller, espero que sea en esapñol.

15:45 horas. Puerta Principal.
Como este noviembre se está caracterizando por sus suaves temperaturas, vuelvo a encontrarme en la entrada del Palacio. Con un montón de cosas en la cabeza, sin poder ayudar en ninguna y con el móvil apagado porque se le ha acabado la batería, reposo la comida con un cigarro. Miro y remiro el programa. No sé si de verdad el año pasado fue mejor (para mí) o simplemente me fui con tan buen sabor de boca que mis expectativas para este año estaban muy altas. El caso es que no sé a qué 'agarrarme esta tarde'. De momento, aquí me veo sentada en unas pequeñas escaleras y rodeada de asistentes fumadores (como yo...). Debo de tener una pinta un poco rara: no llevo portátil encima (ni bolsa/maleta que pueda camuflarlo) y escribo a mano muy afanada (en realidad como antídoto para se pase el tiempo lo más rápido posible hasta las 4).

16:03 horas. Planta 0. Taller 3: Las buenas lenguas S.L. (lingus.tv) y Los chicos de Margot S.L: Edutaiment o cómo enseñar español con algo de humor.
Sentada en el suelo, llevo 5 minutos esperando a que el taller de las 3 de la tarde termine. Me temo que los tres chicos que tengo al lado deben ser los ponentes del siguiente taller y que no saben cómo 'echar' con buenas lenguas, y sin decepcionar a Margot, a los de Communi TV para que les dejen el micro y la sala libre para su ponencia y para su audiencia.
Aplausos. El taller de las 3 a terminado. Sí, los tres chicos son los siguientes. Aunque la gente no se levanta, yo voy a buscar una silla.

18:33 horas. Autobús 224
¡Me cagüen las marquesinas de autobús y los autobuses que no se llaman igual que lo que estas indican!
50 minutos llevo esperando un supuesto autobús 224 A (siempre según la marquesina) que me lleve hasta la casa de mi hermana, quien me da cama estos días. ¡50 minutos! Y todo porque el letrero que lleva el autobús no se corresponde con el de la marquesina. Pregunto, pero nadie sabe. Nadie sabe porque no me encuentro en una parada de autbús, sino de autobuses. No los he contado, pero creo que más de 10 líneas urbanas e interurbanas hacen parada en este apeadero de la A2.
Tras ver pasar delante de mí a un montón de autobuses, he descubierto que hay dos tipos de 224, ¡pero ninguno con una A (de 224 A)! Tienen el mismo número pero un supuesto destino diferente. Digo supuesto porque el que yo buscaba no termina en donde indica el letrero que corona el autobús, y eso me ha despistado aún más. ¡50 minutos me ha llevado averiguar ésto! Si mi móvil no hubiera muerto, creo que no habría visto atardecer entre los chalets de Canillejas mientras casi me aprendo todas las líneas de autobuses que se dirigen al noreste de la Comunidad de Madrid... ¡No hay mal que por bien no venga! O eso dicen.

Tras esta desventura con el transporte público y su desinformación concluyo mi segundo día de FICOD 09 y, probablemente, el último hasta la edición del año que viene.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Antojos gastronómicos momentáneos

Soy una persona a la que le gusta comer, disfruta comiendo y que le gusta casi todo. No sé si esto tiene relación con mis antojos gastronómicos momentáneos y a deshoras, creo que no, aunque sí creo que la variedad de éstos se deben a mi buen paladar. El caso es que, como bien saben Blanca e Irene (me da a mí que hasta lo sufren), a ciertas horas me apetecen cosas que no vienen a cuento.

Los primeros antojos gastronómicos a deshoras que recuerdo me apetecieron en la universidad. Imagino que en una de esas clases interesantísimas en las que, sin tener hambre, me acordaba de comida. El aburrimiento, supongo... En un principio, estos antojos se centraban en un único plato: guisantes con jamón. Creo que se debía a que era de mis comidas preferidas en la cafetería.

Con el tiempo, mis antojos empezaron a ser más variados. Nunca más mis apetencias volvieron a ser un plato como tal, sino que se marcaban objetivos mucho más concretos, como por ejemplo que de buena mañana mi cerebro me pidiese pan pringado en tocino del cocido... ¿Te suena, Blanca?

Pero mis antojos gastronómicos momentáneos van por épocas. A veces, me dan mucho, y otras, pasan meses de uno a otro. En una de las épocas antojicas, Blanca decidió apuntar mis apetencias. Creo que simplemente por lo curioso del caso: sandwich de chopped a las 10 de la mañana, queso de Burgos a las 12 del mediodía, leche condensada a las 4 de la tarde o un trozo de bacon frito a una hora que no es hora. Quizá ella pueda poner algún ejemplo real, datada y todo.

No sé a qué se debe ésto, ni si tiene un significado. A lo mejor es una broma de mi subconsciente y/o una prueba para mi estómago. ¡Ni idea! Pero estos antojos igual que vienen se van. Duran poco. Creo que nunca me ha dado tiempo a satisfacer ninguno, aunque algunos no se tienen muy a mano. ¿Cómo consigo una lata de paté Tapa Negra, la Piara, y pan del pueblo de mi padre para hacerme un bocadillo cuándo son casi las doce de la noche y me encuentro a más de cien kilómetros de allí?

¡Uy, ya se me ha pasado!

Si allgún día tengo hijos... ¿Serán niños-dálmatas? Espero que no...

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Neuronas dormidas


Me queda media hora para salir de la oficina y ya no doy más de mí. ¡Lo siento! Llevo desde las siete y cuarto levantada, he desayunado en el primer bar que encontrado un café con leche ardiendo (yo, que siempre lo pido con leche fría), tras cinco horas de sueño en casa ajena (pero familiar) porque ayer estuve de concierto. Y claro, diréis: pues es tú problema, que has dormido poco por gusto. Y razón no os quito, pero más de mí tampoco doy. Y es lo que tienen mis neuronas, que si no las das siete horas de descanso con los ojos cerrados y en posición horizontal, pues ellas se ponen en huelga y dicen que de servicios mínimos. Y eso que estaban avisadas... ¡Pero nada! No hay quién pueda con ellas.

Así que, nada, aquí estoy con mi resaca (no de alcohol, lean la cuarta acepción de este término según la RAE) tras escuchar, vibrar, saltar, corear (¿mejor balbucear?), flipar y disfrutar del directo de Rammstein. He de reconocer que que ayer a estas horas no tenía ninguna gana de entrar a las 10 de la noche en el Palacio de Deportes de Madrid, venadas que la dan a una a pesar de tener la entrada desde hace meses, aunque bien sabía que no iba a salir indiferente del recinto deportivo.

Fuego, petardos, efectos especiales, trajes negros, plateados, descamisados, pelos engominados, chispas, brazaletes rojos y palabras y gritos (muchos yo diría que guturales) inteligibles para mí pueden resumir esta noche. ¡Ah! Y negro, mucho negro. Indumentaria casi imprescindible para asistir a tal acontecimiento, aunque yo pude entrar sin problemas con mi jersey verde de monstruitos.

Así que, mientras recuerdo el espéctaculo de anoche, los paseos por Madrid en busca de comida a la 1 de la madrugada, la espera del metro a estas horas de la noche y la llegada a la cama en una corrala de Atocha en Metro (creo que nunca he dormido en un sitio tan céntrico de La Capital, ni en lugar tan castizo), se me abre la boca pensando en que puedo ir cerrando el ordenador, ya que mis neuronas no van a levantar la huelga, por lo menos no hasta mañana.

**Prometo que en el próximo post no hablaré de que estoy cansada (parezco una marmota).

Foto: Blog El correo digital

jueves, 5 de noviembre de 2009

Aniversario


Camino de Madrid, con el día despertando tras la Sierra de Guadarrama, me doy cuenta de que anoche me prometí escribir un post de cumpleaños, pero no lo hice. El día de ayer fue demasiado duro como para llegar a casa, encender el ordenador y ponerme a pensar un poco. Cuando digo que el día de ayer fue duro no es porque ayer fuera un día horrible, más bien todo lo contrario (a excepción de un detalle). Utilizo la palabra duro en referencia al cansancio, que es lo que tiene una cuando trabaja a casi cien kilómetros de casa y se pasa 14 horas en la Gran Ciudad, apenas sin parar. Digamos que ayer fue un día largo, bien aprovechado y pasado en muy buena compañía.

Día: Reunión de organización en el trabajo, de las más cortas y con menos discrepancias que recuerdo; trabajo en la oficina; visita al Broadcast, y de rebote a Fruit Atraction, en la que no pude probar más que un gajo de mandarina reseco y un vasito de gazpacho que amablemente ofrecía la Comunidad de Madrid en un stand en el que sólo había presente un monitor gigante; una comida relajada y distendida en casa de Blanca; recogida de cosas para llevarme a mi nueva casa, tras llegar más tarde que mi chico, que se recorrió casi cien kilómetros para ayudarme; acompañarle a comprarse parte de la ropa que necesita para su tan deseado viaje a los pies del Everest; quedar con las compañeras y ex-compañeras de trabajo (de una ilusión, de un sueño por el que luchamos), pero sobre todo amigas, para tomar algo una de las cafeterías con las mejores vistas de Madrid e irme sin probar bocado por la lentitud de los camareros; soportar una atasco de más de media hora para subir la calle Princesa. Y, ya de vuelta a casa, acabar bloqueada porque a unos diez kilómetros de nuestra meta casi nos chocamos con de frente con una C15 que bajaba el puerto por el carril contrario (creo que sería más correcto decir que la C15 casi se choca con nosotros, aunque el resultado hubiera sido el mismo). ¡Cuidado! Volantazo perfecto de reflejos eprfectos a escasos 2 metros del vehículo infractor. Lágrimas de miedo, incredulidad, agradecimiento y, creo que, hasta de felicidad empezaron a resbalar por mi cara tras un minuto de parálisis mental.

Así que, tras un día como este, a una no le apetecía escribir en su blog para conmemorar su primer año de vida, ¡total, es algo creado por mí! Pero hoy, mientras deshago el camino andado 11 horas atrás, y sacrificando la siesta mañanera del autobús, me apetecía hacer lo que anoche no hice y que me prometí: felicitar el año de vida de mi blog y, anque pueda sonar mal, felicitarme a mi misma. No es que me haya caracterizado en este tiempo por la frecuencia de mis publicaciones, ni por ahondar en temas profundos ni tampoco por escribir de una forma exqusita. Simplemente me quiero felicitar por seguir Sin saber nada después de un año.

Aunque ahora que lo pienso... Quizá hoy debería felicitarme por haber pasado de largo del no-choque frontal. De nuevo gracias, Cres.

Gracias también, por supuesto, a los que alguna vez, aunque sea de casualidad, han leído algunas líneas de este blog.

¡Gracias!

Foto: Mundolova

domingo, 1 de noviembre de 2009

Veranillo de Halloween


A últimos de septiembre, Irene y yo nos lamentábamos del final del calor veraniego. Deseábamos la tregua de El Veranillo de San Miguel y reflexionábamos sobre lo curioso del caso: que las temperaturas suelen subir en torno al 29 de septiembre (día de San Miguel, de ahí el nombre de El Veranillo).

Este año, además de El Veranillo de San Miguel, también hemos tenido El Veranillo de Halloween, o ¿mejor de Los Santos, que es 'más nuestro'? Sin datos delante (lo siento, pero es noche de domingo y no me apetece mucho investigar), me atrevo a decir que este segundo ha sido, incluso, más caluroso que el primero. Quizá no sea así, pero como 24ºC no son muy normales un día de finales de octubre, a mí me lo ha parecido.

Las previsiones metereológicas anuncia una bajada de las temperaturas para mañana; así que, como se suele decir, llega el mal tiempo. ¿El mal tiempo? Creo que en esta época del año es más correcto decir que llega el buen tiempo. Claro, pero es que ir en manga corta es mucho más agradable que tener que vestir como una cebolla, pero... ¿Cada tiempo a su tiempo, no? De momento, en donde yo me encuentro, llueve.

Espero que esta vez los hombres del tiempo no se equivoquen y que por fin mañana llegue el otoño. Creo que ya hemos tenido bastantes veranillos por este año y quiero volver a lamentarme con Irene del final del calor veraniego y, esta vez, no tener tregua hasta la próxima primavera.

Adiós, Veranillo de Halloween.

Foto: Sorprendentemente sigo vivo

lunes, 26 de octubre de 2009

Fin de la Semana Temática: 'Yo sobreviví a la UC3M'


Hoy clausuro mi participación en la Semana Temática Yo sobreviví a la UC3M y reflexiono sobre ella. Como ya he comentado en casi la mayoría de los cometarios (sí, me repito mucho): ¡me ha encantado!

Me ha encantado leer los recuedos y experiencias que hemos vivido varias personas al mismo tiempo, en el mismo lugar y cursando prácticamente las mismas asignaturas. Me ha gustado verme identificada en casi todo con lo que se ha dicho/escrito. Me ha gustado saber que las sensaciones que yo tenía no sólo las compartía con mi grupo de clase. Y me ha gustado poder acercarme a personas a partir de esta iniciativa.

Gracias Laura por tu idea. Gracias Blanca por impulsar esta semana inconscientemente. ¡Gracias a TODAS las participantes!

Supongo que ningún otro tema podrá acercarnos tanto como este, porque nos toca la fibra, pero, ¿para cuándo otra semana temática?

viernes, 23 de octubre de 2009

La encuesta de inserción laboral

Un día, de no hace mucho, llego a casa y en la mesita del salón hay una carta para mí. Es de la Universidad Carlos III. Pensando en que será publicidad de alguno de sus másters, la abro con desgana mientras caliento la comida. ¡Anda, fíjate!, pienso, me reclaman para que haga una encuesta de inserción laboral tras haber terminado la carrera, ¡pues la voy hacer, hombre!, me digo a mi misma. Hecho sorprendente porque no es que yo me caracterice por rellenar encuestas o cuestionarios de la Carlos III, que allá por segundo dejé de entregar la evalución de los profesores. ¡Gran error! -arrepentimiento posterior-. Antes de que la comida se haya calentado, he dejado la carta en un sitio visible para que no se me olvide hacer los deberes.

Otro día, seguido al anterior, abro mi correo electrónico y tengo un e-mail en el que se me informa de los mismo, con un link a la susodicha encuesta. Lo marco como No leído y lo dejo ahí para mejor ocasión, ¡ando muy liada con cosas del curro, pero no se me olvida!. No, no.

Ese mismo día, a media mañana, suena mi móvil: número desconocido. Es una chiquita, me llama de la Universidad Carlos III para hacer una encuesta de inserción laboral tras haber terminado los estudios universitarios, ¿quiere hacerla?, me pregunta. ¡Sí, sí!, contesto; por supuesto, pienso. Así que, comienzan las preguntas...

He de decir, que lo más destacable de mi vida posuniversitaria es el hecho de haber trabajado por mi cuenta desde antes de terminar, de haber creado una empresa con mis amigas, y ahora también compañeras,. Básicamente el hecho de ser una joven emprendedora. Y no es que yo quiera que esto se me reconozca más que a nadie, ni que yo sea diferente, ¡ni nada de eso! Pero sí que creo que es algo a tener en cuenta a la hora de responder una encuesta de inserción laboral para la universidad en la que estudiaste... Pero, ¿cómo hacerlo si sólo te permiten sacar este tema en una única respuesta de una de las preguntas que te hacen...? ¡Claro que puedo responder a las preguntas de si estoy contenta (o no) con mi trabajo, con lo que hago, si me han servido las prácticas realizadas y el temario estudiado!, aunque resulte complicado simplemente valerte de un Sí y de un NO para contestar. Pero señores preparadores de encuestas de la Carlos III, ¿se han parado a pensar que ese tipo de preguntas tienen muy poco significado cuando una trabaja por su cuenta?, por ejemplo. Ya sé que una encuesta es una encuesta y que lo que pretende es tener resultados globales y tipificados, que si se hicieran diferentes preguntas por cada perfil no sería una encuesta y no se podrán sacar conclusiones generalizadas, pero... ¿Qué resultados van a sacar de mis respuestas...? Que estoy contenta con mi trabajo y que hago lo que me gusta (dentro de lo posible y de lo que se nos deja, ¡claro está!)...

Claro, yo lo veo desde mi punto de vista, desde mi situación personal/laboral. Pero intentando analizarlo desde una visión más objetiva, esta encuesta sabe qué resultados quiere obtener y qué preguntas hacer para conseguirlas. ¿Qué va a contestar la mayoría de la gente a la pregunta de 'ha trabajado usted en el último año'? Pues claro, pero de telepizzero. ¡Ah! Pero eso no cuenta, que sólo se puede responder con Sí o No. Da igual, la casilla del Sí ya está marcada, aunque el grado de telepizzero aún no esté contemplado en el Plan Bolonia. U otra, ¿qué respondes a 'has estado inscrito al SOPP (Servicio de Orientación y Planificación Profesional'? ¡Cómo para no conocerlo...!vSi quieres hacer prácticas en una empresa mientras estudias no queda otra que los papeles te los gestionen ellos (o medio-gestionen o mal-gestionen, según los casos), porque sino no son válidas y como hacer prácticas es inevitable (ya sea por los motivos que sea) pues... ¿Quién no ha esperado en la ventanilla del SOPP a ser atendido mientras veías al personal chatear por el messenger?

¡Joder! Pero qué bien queda que en las conclusiones sacadas de la encuesta se pueda decir que el 90 y pico porciento de tu ex-alumnado ha trabajado en el último año y que el 90 y pico por ciento de tu ex-alumnado se haya inscrito en tu servicio de orientación y planificación profesional. Y es que claro, un Sí y un No como respuesta no contemplan que un muchos por ciento de ese noventa por ciento que trabajó el año pasado fue en trabajos más que precarios o que el total del noventa y pico por ciento que se incribió en tu servicio de orientación y planificaión profesional lo hizo porque era obligatorio.

martes, 20 de octubre de 2009

De prácticas y trabajos


Sigo sin tener un esquema mental sobre qué escribir esta semana, y ya no lo voy a tener, la verdad. Hoy voy a empezar a hablar de las prácticas y trabajos que nos mandaban en clase; aunque a lo mejor termino el post escribiendo sobre la comida de la cafetería... ¡Quién sabe!

Antes de ir a la universidad, yo pensaba que sólo hacían prácticas los estudiantes de carreras que precisaban laboratorios y máquinas especiales; los de ciencias, para que nos entendamos. Estaba equivocada.

Antes de nada, voy a definir lo que para mí eran las prácticas y lo que para mí eran los trabajos. Como yo lo entendía:
  • Práctica: tarea a entregar a corto o medio plazo, realizado individualmente o en grupos (creo que esto las menos veces). Con corto plazo me refiero a tener que entregarla en la misma clase que era mandada o al día siguiente; a medio plazo, como mucho, muchísimo, en quince días. Para mí era, lo que venía siendo desde preescolar, los deberes de toda la vida. Con sus complicaciones, ¡claro! Pero será que queda más molón llamarlo Práctica.
  • Trabajo: tarea a entregar a largo plazo y, la mayoría de las veces, a realizar en grupo. Por supuesto se trataba de algo mucho más costoso, laborioso y que requería más tiempo.
Lo peor de ambas tareas, para mí, era el hacerlas en grupo. Objetivamente pensaba (y pienso) que era lo mejor. Una forma de prepararnos para el futuro, aprender a trabajar codo con codo, en equipo, dividiendo funciones, aprender a confiar en el compañero, a solventar los contratiempos que surgen cuando trabajan varias personas juntas ... ¡En fin! Lo que viene siendo trabajar en grupo/en equipo. Y sí, ¡objetivo cumplido, aprendí! Eso sí, a base de ostias, que es como dicen que se aprende.

Para mí trabajar en grupo era lo peor por el hecho de tener que quedar: que si yo tengo inglés, que si yo este fin de semana me voy al pueblo, que si yo tengo optativa esta tarde, que si se me ha estropeado el ordenador, que si mi conexión a Internet no va, que si no tengo dinero para comprar la clave no sé cuántos, que si no me he leído la clave no sé cuantitos, que si cuando llego a casa a las 10 de la noche no me apetece bajarme nada de Aula Global... ¡En fin! Mil y una explicaciones, mil y una excusas. No sólo de las demás (los grupos de los que formé parte siempre fueron de chicas), sino, por supuestísimo, también mías. Del mismo modo, era duro y complicado el ponerse de acuerdo. Creo que las féminas es lo que tenemos, que nos gusta dar mil vueltas a las cosas y podemos discutir durante horas para: uno, no sacar ninguna conclusión; o dos, darnos cuenta de que estábamos hablando y defendiendo lo mismo...

Qué malos ratos pasaba en las prácticas cronometradas de Documentación (Documentación Informativa), creo que de segundo, pero ahora, cada vez que vienen a mi mente ideas sueltas de lo que se nos mandaba buscar... Es inevitable que sonría. Creo que en esa clase todos aprendimos una misma cosa: San Google no siempre nos saca de dudas.

Recuerdo trabajos absurdos, sobre todo en su forma, como aquel de Geografía (¿Geografía Humana y Descriptiva?) de 2º de carrera, en el que tras contabilizar todos los países que salían en un mismo periódico durante una semana (quizá más tiempo...), había que dibujar un mapa mundi, en papel milimetrado, proporcional a las veces que había sido mencionado cada país durante ese periodo de tiempo. Recordemos que nos encontrábamos en el curso 2004-2005, con una Guerra de Iraq más que viva en la prensa, ¿se imaginan su tamaño en nuestro mapa...? Fue con este trabajo con el que descubrí las Salas de trabajo de la biblioteca de Humanidades, unos zulos relegados en el sótano, a los que se entraba desde la Sala de Audiovisuales y cuya luz natural provenía de un ventanuco a ras del suelo de la calle y un tubo color plata-aislante (¿calefacción, desagüe...?) coronaba una de sus paredes.

Pero también recuerdo otros trabajos con mucho cariño. Como aquel de Historia (¿Historia Contemporánea de España?) de primero en el que teníamos que trasladarnos, libremente, a otra época y escribir como si fuéramos periodistas en ella. El tema que elegimos en mi grupo fue el de los Atentados de Atocha de 1977. Me encantaron las tardes que pasé en la Biblioteca Nacional, en su hemeroteca, documentándome sobre el tema y paseando por sus pasillos con la pegatina de Visitante. O como aquel trabajo de Política y Comunicación una asignatura de libre elección que cursé en primero (¡que ya podía ser obligatoria!) que se centraba en los corresponsales de guerra en Iraq y en el que entrevistamos en Torre España a José Antonio Guardiola, corresponsal de TVE en el conflicto, y que se comportó con nosotras más que bien, más que educado y más que correcto. Y es que, que tu primera entrevista sea a un corresponsal guerra y la realices en la sala de reuniones de los informativos de TVE1, pues a una le sube la autoestima. Y más aún con la naturalidad con la que se nos trató. También contactamos vía mail, no sé muy bien cómo, con la que fue corresponsal de guerra en Iraq de ABC, Mercedes Gallego. Con Jon Sistiaga, por entonces en la plantilla de Tel 5, lo intentamos, pero creo que nunca tuvimos respuesta...

Y es cierto que si pienso en los trabajos y prácticas de la Carlos III mis recuerdos aparecen casi todos grises. Pero en realidad, ¡no todos fueron así!

Foto: AECC

lunes, 19 de octubre de 2009

Empezamos la semana carlostercerística


Paseaba por los stands de Aula, en su edición de 2003, cuando se despejaron mis dudas sobre qué carrera estudiaría. Sí, fue así, de inmediato, tras un paseo por un pabellón de IFEMA lleno de azafatas intentando que estudiaras en la universidad que representaban. Tras un 2º de bachillerato con la cabeza llena de dudas sobre mi futuro académico, y supuestamente profesional, volví a mis orígenes: quería ser periodista y estudiaría periodismo (¿Fui una ilusa...? ¿Sigo siendo una ilusa...?). Lo que no recuerdo con tanta claridad es la elección de la universidad. Supongo que ese año los becarios contratados para tal feria me convencieron rápido o que, visto objetivamente, la Universidad Carlos III de Madrid es una de las universidad públicas que mas buena pinta tienen, entre otras cosas por sus clases reducidas (o más reducidas que en la mayor parte de las públicas) y su gran oferta de recursos para uso y aprovechamiento del alumnado (esto también merece un paréntesis, pero quizá lo aclare más tarde o durante esta semana). Y claro, a una así, se la camela. Más tarde descubriría que su eslogan, algo así como 'La pública, la diferencia', era más que cierto, ¡y en prácticamente todos los ámbitos! No todos de forma positiva.

Así que tras aprobar la selectividad (mi nota no me dio para hacer la Conjunta: Periodismo y Comunicación Audiovisual) y hacer la preinscripción, mi orden de preferencia, en cuanto a centros universitarios se refiere, empezaba con la Carlos III, en su campus de Getafe (la separación, siempre tan polémica, de Ciencias y Letras está aquí muy presente y es sinónimo de: Leganés y Getafe, respectivamente; Colmenarejo no entra dentro de este distintivo... ¡que para eso está muy lejos!).

Tras un verano de papeleos desde la lejanía y cabreos de mis padres por la desesperación, más que comprensible, de tener que hacer mi matrícula porque durante el periodo de plazos estás disfrutando de una beca en Inglaterra, llegó septiembre y mi primer pie puesto en tal universidad. Fue el dia de La Presentación, en la que el decano de nuestra carrera ya se encargó de nuestras perspectivas se esfumaran en un momento. Lo único que medio-recuerdo fue algo así como que no pensáramos hacer programas de radio ni periódicos universitarios, porque de éso no había... No sé, a mí me sorprendió. No por la influencia de esas series americanas de institutos y universidades en donde los protas colaboran en la radio del centro educativo o escriben artículos revindicativos en la revista, sino porque tanto bombo y tanto platillo con las prácticas y los recursos en manos del alumnado y ahora nos dicen que lo que aprendamos no lo podremos aplicar, ni aprovechar, de forma interna. ¡Pues vaya! Y ahí se quedó la cosa y así fue como la cosa pasó.

Las asignaturas del primer año... Una mirada al colegio. Que si Lengua Española I, la lengua de toda la vida; que si Literatura Contemporánea, literatura; que si Historia de España, más aprendí en años anteriores... En concreto de estas tres asignaturas, lo primero que se me viene a la cabeza (no quiere decir que lo haya aprendido, simplemente es lo primero que recuerdo) es:
  • Lengua Española I: cómo escribir las bibliografías, distinguiendo libros, enciclopedias o páginas web.
  • Historia de España: que a partir de un libro sobre la historia del Real Madrid, (sí, el equipo de Florentino), se entiende la historia de España.
  • Literatura contemporánea (¿o era Movimientos Literarios Contemporáneos...?): cómo limitar los movimientos de un profesor por usar un micrófono enganchado a un altavoz por tener un tono de voz sin decibelio alguno o cómo leer Trilce en el tren desde Atocha a Getafe, es decir en 20 minutos y sin entender nada. He de reconocer que si no fuera por esta clase no habría leído libros que me gustaron mucho y que no hubiera conocido a autores que aún rondan en mi cabezota.

Y así acaba este mi primer post participativo en la Semana de Yo sobreviví a la Carlos III. Un post que no tiene una continuidad argumentativa ejemplar, de hecho yo diría que no tiene continuidad, así como tampoco una conclusión. Simplemente un montón de ideas y de recuerdos de una sobreviviente.

Foto: chicos.net

Semana temática: Yo sobreviví a la Carlos III


He aquí la lista de los blogs que participaremos en esta Semana Temática a la que hemos dado el nombre de Yo sobreviví a la Carlos III, o UC3M, como prefieran:
Evento que pretende acoger los buenos recuerdos, y los malos, las experiencias y anécdotas de las participantes (¿o debería ser 'participantas'?) durante sus años universitarios en la Carlos III.

Aunque sólo autora de uno de los blogs participantes, les invito a que pasen y lean


Foto: Logo realizado para el evento por Laura

jueves, 15 de octubre de 2009

Blog Action Day'09: mi granito de arena


Hace unos días, una amiga, y blogger, me mandó una invitación a Facebook para formar parte del grupo Blog Action Day'09 en Español y participar en esta iniciativa. El tema/problema de este año: el cambio climático. Y aquí va mi granito de arena: el reciclaje.

Contenedor azul: papel. Contenedor verde: vidrio. Contenedor amarillo: envases de plástico, metal y briks. Contenedor naranja: residuos orgánicos. Para todo lo demás, el Punto Limpio, que para esto no vale la MasterCard. Los colores de los contenedores, y lo que en cada uno hay que tirar, es una de las cosas que mejor aprendidas tengo. Y es que esto de reciclar es otra de mis grandes manías, bien lo saben mis amigas y compañeras. Y es que en la oficina no superviso la basura por vergüenza, pero yo, que me siento al lado de la papelera del papel (para tirar en el contenedor azul) y la del plástico ( para tirar en el contenedor amarillo), pongo la voz en grito en cuanto alguien tira un desperdicio a donde no se debe tirar; algo que ocurre con frecuencia.

En casa, en Madrid, cuando me instalé hace ya seis años, lo primero que hice fue establecer cuatro zonas de basura en la cocina:
  1. Zona cubo: vamos, el cubo de toda la vida, para tirar la materia orgánica (contenedor naranja)
  2. Zona envases: bolsa de plástico arrinconada en la cocina para los envases de plástico, metal y briks (contenedor amarillo)
  3. Zona papel: bolsa de papel, colocada al lado de la bolsa de plástico, para los desperdicios de papel y cartón (contenedor azul)
  4. Zona vidrio: rincón encima de la lavadora, para todos los frascos, botes, botellas y botellines que vamos acumulando.
Más tarde, añadimos una quinta zona residual en nuestra cocina: la del aceite, en donde tiramos el aceite usado y requeteusado en una botella de plástico.

En la casa del pueblo me costó un poco más hacer esta gran división de basuras. Desde siempre, en casa se había reciclado el papel y el vidrio, incluso cuando no había contenedores verdes ni azules en el pueblo e íbamos al de al lado, más grande, con el maletero lleno de periódicos y con la banda sonora de los botes de cristal chocando entre ellos. Pero lo del contenedor amarillo, ¡era otra historia! Desinformación, falta de costumbre y pereza hacían que su uso no fuera tan atractivo. Grata sorpresa me llevé cuando un fin de semana descubrí que mis padres también tenían su 'Zona envases'.

'¿Reciclar, para qué? Si luego lo juntan todo', me argumentan muchos de mis amigos cuando sale este tema. Pues mira, yo no sé si los camiones de la basura (sean del color que sean) se deshacen de su mierda en un mismo montón, mezclándose todos los colores tras una exhaustiva tarea tuya de separación, ¡espero que no! Pero a mí no me cuesta nada, ¡nada!, separar mis desperdicios. No me cuesta nada tener cuatro basuras diferentes, y no, no tengo una cocina especialmente grande. No me cuesta nada pararme a pensar en qué contenedor se tira ésto y en cuál lo otro. No me cuesta nada tener que abrir cuatro contenedores diferentes.Y es que, ¡no me cuesta nada reciclar y me gusta reciclar! Es simplemente concienciarse para que al tiempo pase a ser una costumbre, una buena cosumbre, una rutina, una buena rutina.

Creo que actos tan simples y sencillos, como separar la basura y tirarla en el contenedor adecuado, son una manera de ayudar y de contribuir en, y para, el cuidado del medioambiente y, en extensión, a reducir y paliar el cambio climático. Pequeños detalles pueden tener consecuencias importantes y positivas. Pero claro, ¡no vale con que lo hagan sólo unos pocos!

Ahí lo dejo...

jueves, 8 de octubre de 2009

Una manía


Reconozco que tengo unas cuantas manías, o sufro unas cuantas manías, según como se mire. Por descontado queda que quienes me rodean también las sufren, ni qué decir tiene que, sin duda, más que yo.

Una de esas manías es la de organizar las fotos en el ordenador antes de guardarlas en CDs. El primer paso es descargar las fotos en la carpeta 'Fotos'. Pero no en la carpeta de 'Mis imágenes' que trae ya predeterminada el ordenador, ¡faltaría más que Bill Gates también me diera directrices sobre cómo organizar las carpetillas de mi ordenador personal! Ya condiciona demasiado mi vida como para hacerle caso también en ésto; que crear una carpeta en Windows sé hacerlo yo solita.

Una vez descargadas las fotos las organizo, ordeno y nombro minuciosamente por temas/situaciones, en diferentes carpetas, ¡por supuesto!. Que si fin de semana en no sé dónde y de no sé qué mes, que si chuletada de no sé que día con los amigos de no sé donde, que si cumpleaños de no sé quién, que si huerta del Padre floreciendo no sé qué día de primavera... Temas/situaciones tan diferentes, como iguales, que va plasmando mi Olympus.


Además, cada carpeta lleva su fecha, ¡no vaya a ser qué no me acuerde de cuándo tomé la instantánea de ese tomate enrojeciendo!. Y si cada carpeta va fechada, no va a ser menos cada foto. Así que acompaño a cada una de ellas con un cuándo, pero también con un dónde y con un quiénes en ella salen. Gran problema me surge cuando las fotos son de grupo... Al que se suma otro, ya que por todos es sabido que los carretes de las cámaras digitales no se gastan tan fácilmente como los de las cámaras analógicas, así que mi paciencia se pone a prueba cada vez que realizo tal tarea.


En realidad esta manía de tener controladas las fotos no viene de ahora. Cuando aún no existían las cámaras digitales, yo me encargaba de poner en el reverso de las fotos familiares esto mismo. Al principio como obediencia a una orden de mi madre, pero más tarde lo hacía por gusto y con gusto. Porque de siempre me ha gustado, cuando he encontrado alguna foto por casa, saber cuándo fue hecha con solo darle la vuelta.


Numerarlas, nombrarlas, fecharlas, ordenarlas... Y es que aunque pesado y metódico, me gusta eso de organizar mis fotos. No por la calidad artística de las imágenes, que no la tienen, sino porque al fin y al cabo son mis momentos y mis recuerdos. Simplemente, mis recuerdos organizados a partir de una costumbre que se ha convertido en manía.

Foto 1: Amapolas. Fuentepiñel. 30 de mayo de 2009.
Foto 2: Aperos hortelanos para hacer la peña. Cabezuela. 4 de septiembre de 2009.
Foto 3: María, Miguel y Ana. Fuentepiñel. 31 de mayo de 2009.
Foto 4: Una puerta de la Alhambra. Granada. 17 de septiembre de 2009.

domingo, 4 de octubre de 2009

Trabajando desde mi patio


El sábado fue la primera vez que mi portátil vino a mi casa, la del pueblo, la de mis padres. Así que, como estaba sola por compromisos varios de mis progenitores, lo primero que hice tras entrar en casa fue abrir el maletín del ordenador, sacarlo y encenderlo, para comprobar si el interné funcionaba. Y sí, las zonas rurales también están enredadas, ¡con wifi y todo! Aunque las conexiones dejan mucho que desear y los días de desconexión abundan.

¡Joé!, que sí que funciona, me dije; y más rápido de lo normal, pensé. Y no es que me encante estar enganchada al ordenador y a Internet, lo que pasa es que necesitaba saber si podría trabajar desde casa; lo cual tampoco era necesario. Y eso que a mí pronto se me llenan los ojos de megapíxeles así como, bien es sabido, no suelo coger un ordenador los fines de semana que estoy en el pueblo. Pero no sé por qué, el sábado me apetecía hacerlo. Sí, desde el patio, sentadita en una tumbona.

Así que por la tarde, tras una comida más que agradable con una amiga opositora, me busqué un rinconcito en el patio, evitando las sombras y reflejos en la pantalla y allí, tranquilamente, disfruté tecleando, trabajando. Y sí, digo bien, ¡disfruté trabajando!

** Por cierto, esta foto que he encontrado me ha encantado. Imagínense a un agricultor cualquiera actualizando su Facebook apoyado en la alpaca; informándose de la subida o bajada de la Bolsa; haciendo una videoconferencia con su amigo el de Houston o simplemente divisando sus tierras desde Google Earth.

¡Ah! Mi patio no tiene alpacas, aunque sí lilos, geranios y hierba buena.

Foto: WirelessInternet Reviews

jueves, 1 de octubre de 2009

Hace seis años...


El 29 de septiembre de 2003 fue mi primer día de universidad. Ya hace seis años. ¡Joder, cómo pasa el tiempo!

Era lunes, me acuerdo. El día de antes, domingo, mis padres y los de mi amiga, y que ahora iba a ser también mi compañera de piso, nos llevaron a Madrid con gran parte de nuestras cosas, pertenencias y trastos. Comenzábamos nuestra vida de universitarias con una comida en un restaurante, como si de una gran celebración se tratase, y continuamos con un paseo a nuestras anchas por La Castellana; ya que ese día se celebraba la última etapa de la Vuelta Ciclista a España y gran parte de esta arteria de la capital estaba cerrada al tráfico.

El primer día de universidad no era día de clase, como es de suponer, sino de presentación: la Presentación. Recuerdo que a la entrada del Edificio 14 nos íbamos agolpando los que acabaríamos siendo, cuatro años después, la promoción Kapuncinsky; seguramente con nosotros también estarían media clase de la conjunta, pero de éso no me acuerdo (lo siento Laura).

Ese día conocí a Blanca, ¡qué casualidad! Vivíamos en el mismo barrio, casi en la misma calle. Prácticamente inseparables desde ese momento, Blanca y yo fuimos conociendo al resto de las personas con las que pasaríamos nuestros cuatro años universitarios.

Y sí, justo seis años después, el 29 de septiembre de 2009,¡vamos, antes de ayer!, me encontraba de nuevo delante de la universidad. Esta vez, para tomar una rica Coca Cola y unas raciones con cuatro de las personas que hace seis años conocí en ese mismo lugares y con las que he vivido interesantes experiencias, ¡hasta la de montar una empresa! ¿La elección de la fecha?, de nuevo casualidad. Ninguna de ellas se acordaba de que hacía seis años habíamos empezado, oficialmente, nuestra andadura universitaria.

Foto: detalle de una escultura de la Universidad Carlos III de Madrid, campus de Getafe. Español sin fronteras

jueves, 24 de septiembre de 2009

Hoy

Hoy es un día de esos en el que una no se encuentra a una misma. Pegada desde las nueve de la mañana al ordenador , amenizo mi trabajo actualizando mis listas de reproducción de Spotify y mis perfiles de Tuenti y Facebook. Costumbres que en muchas ocasiones entorpecen y ralentizan mi tarea, pero que en otras me dan aliento para continuar. Ahora que releo esta frase suena un poco drástico, e incluso dramático, pero recordemos que hoy es un día de esos en el que una no se encuentra a una misma. Y es que este tipo de días son de los que te meterías en la cama, arropada hasta la nariz con una manta y dejarías pasar las horas. Pero el tiempo no acompaña, ¡por lo menos podía llover!

Me consuelo pensando que es jueves, lo que significa que mañana es viernes. El trabajo no se me ha dado mal, al contrario, así que posiblemente pueda irme el fin de semana. Gracias, por supuesto, a la ayuda de Blanca e Irene, que me han adelantado gran parte.

En realidad el día no ha sido tan malo; simplemente tal y como me lo esperaba. Creo que una ducha puede ayudar a que no acabe siendo uno de esos días en el que una no se encuentra a una misma.

** Nota a Irene y Blanca: quiero que mañana sepan explicarme, y me expliquen, todos los sabores y texturas de todo lo degustado en el cocktail (decir pincho español no es tan glamuroso) de la Presentación. Ya hablaremos más tarde de detalles menores...

martes, 22 de septiembre de 2009

Mis abuelos


Ayer por la noche empecé a ojear mi cuaderno. Un cuaderno de esos que se usan para apuntar de todo: listas de la compra, anotaciones del trabajo, números de teléfono que han de copiarse rápidamente, cuentas que a una la mente no le dan para hacerlas de memoria o textos cortos y olvidados escritos en momentos de inspiración.

Me gusta cuando encuentro cosas que he escrito, anotado o apuntado tiempo después, cuando no recuerdo haberlo hecho. Y así encontré un pequeño texto, inacabado. Me hizo gracia y se lo leí a mi hermana y a mi prima, porque pensé que les iba a hacer gracia, ya que hablaba de cosas que las tres habíamos vivido de pequeñas; cosas que habíamos vivido con nuestros abuelos.

Así que ahí va ese pequeño texto inacabado. Ese pequeño texto con pequeños detalles y pequeños recuerdos. Espero que al leerlo os vengan también detalles y recuerdos vividos con vuestros abuelos:

Cuando era pequeña, los fines de semana los pasaba en casa de Los Abuelos; aunque las tardes de los sábados estaban reservadas para ir a ver a La Abuela Fuencisla.

Con el Renault 11 de papá, nos movíamos de un pueblo a otro para ir a verlos, lo que significaba: casatañas asadas en la estufa, sugus, lazos de Lerma, filetes de Canuto, dar de comer a los gatos, paseos por el campo, probarse chaquetas de lana, tocar las campanas de la iglesia a mediodía, hacer rosquillas, saborear la tarta de El Recado, el bizococho de yogur, dormir en sábanas tan frías que parecían estar húmedas o ver encender la estufa, la chimenea o la cocinilla con una piña.


Foto: detalle de una cocina de leña

miércoles, 26 de agosto de 2009

Las bicicletas son para el verano


Era una tarde de verano, tal día como hoy, pero ya hace trece años. Habíamos planeado ir al río en bici, a La Villa, como hacía dos años; cuando a Pili se le pinchó la bicicleta nada más subirse a ella para volver a casa y tuvimos que hacer los doce kilómetros de vuelta unas a pie y otras en bici para avisar en casa. Por supuesto nadie sabía a dónde habíamos ido a pasar la tarde y, a casi todas, nos cayó una buena. Al año siguiente nos abstuvimos de ir a bañarnos al Duratón, por posibles represalias, pero ya pasados dos veranos, pensamos que sería un buen momento para volver hacerlo. Además, las tardes de verano ya llegaban a su fin, al día siguiente empezaríamos a encerrarnos en El Taller a preparar el disfraz para el concurso de las fiestas.

Cogimos nuestras mochilas con nuestros bocadillos, indispensables, y el agua. El camino era fácil: de Fuentepiñel a Los Valles, por el camino; de Los Valles a La Villa, por la carretera y con cuidado, por su estrechez y sus curvas; y ya en La Villa: ¡el río!

Mi bicicleta era una de cross, o así la llamaba yo, amarilla y con los puños y el sillín de color azul. Herencia de mi primo y deseada por mí desde hacía años, aunque de cómoda tenía poco. Ahora envidiaba la bici de montaña de mi prima Ana, de barra alta y mucho más moderna, ¡cambios y todo, tenía!

Comenzada nuestra aventura, como era costumbre, Mª Carmen y mi prima Ana se nos adelantaron a las demás, ¡siempre nos sacaban un cacho! No pasaba nada, nos esperarían en Los Valles, antes de coger la carretera. Contentas y confiadas, pues cogíamos la bici a diario, íbamos por el camino deseando que llegara el momento de sumergirnos en el agua y comernos el bocadillo al lado del río, a la fresca de los chopos.

A las más atrasadas del grupo sólo nos faltaba bajar la cuesta para llegar a Los Valles. Las más adelantadas ya casi habían llegado a la entrada del pueblo, pero... Nada más empezar a bajar la cuesta mi rueda delantera pilló una piedra más grande de lo normal (o no), la bici de cross empezó a tambalearse y dio una vuelta de campana, o eso cro yo, antes de acabar en la cuneta y dejarme a mí tendida, en plancha, en medio del camino.

Me levanto, pues en el momento no me dolía nada, y lo primero que me preocupa y en lo que me fijo es el reloj de la comunión (sin comentarios) y en mi camiseta favorita (de propaganda, ¡esas cosas ya no pasan!): reloj rallado y camiseta agujereada. Todavía no me he dado cuenta de que podía haber sido peor. Tras la evaluación de los primero daños veo que mi rodilla izquierda ha salido más perjudicada que la derecha. ¡Uy, si me he tocado el hueso!, me digo. Los codos tampoco se han salvado, es lo que tiene un camino pedregoso, y el pulgar de la mano derecha me cuesta moverlo. La cara me arde un poco, pero no puedo ver lo que me ha pasado.

Claro, que a la vez que yo evaluaba mis daños, las demás también. Así que una rápida organización bastó para ir a buscar ayuda para llevarme al centro médico y entretenerme y lavarme las heridas, con el agua de la merienda, mientras llegaba a rescatarme un coche. Una vez en Urgencias, la evalución del médico es más objetiva y fiable, a la par que borde, parecía que me hubiera dado el hostión adrede. Y el médico no dudó en echar a mi tía de la sala, llegada en el coche-rescate, por miedo a que se acabara desmayando encima de la camilla en donde me estaban curando; aunque esto es totalmente comprensible.

Resultado de la evaluación del médico (no sé si se puede llamar a esto diagnóstico ya que yo, en principio, no padecía ninguna enfermedad): rozaduras leves en la rodilla derecha, en los dos codos y en el pecho; siete puntos en la rodilla izquierda, tres puntos en la barbilla y uno en la frente; dedo pulgar de la mano derecha entablillado.

El resto de días de verano me los pasé engasada y apositada, haciéndome curas en el centro médico cada mañana. Esto me valío para ser la pareja de Araceli, quien se hizo un esguince por caerse de la bici una semana antes que yo, en el concurso de disfraces de las fiestas: yo de Reina Madre y ella de Reina de Inglaterra. Quizá, si no hubiera pasado esto, no hubiera representado a tan distinguido personaje.

Nunca más volvimos a intentar ir a bañarnos al río.

Foto: María San Felipe. Atardecer en la carretera de Los Valles de Fuentiduela a La Villa de Fuentidueña, mayo de 2009 (Segovia)

lunes, 24 de agosto de 2009

Negrito Sandía


Esta mañana, en el trabajo, Blanca me ha dicho que había encontrado canciones infantiles en Spotify. Y es que, en momentos de gloria, en nuestra pequeña oficina, alegramos ratos mañaneros recordando, cantando, bailando y gesticulando canciones que nos gustaban de pequeñas, y por lo que se ve nos siguen gustando. Así que en cuanto me lo ha dicho me ha faltado tiempo para buscarlas y ameneizar mi mañana de lunes de agosto con Negrito Sandía, Gusanito Medidor o La Negrita Cucurumbé. Banda sonora más que apropiada para acompañar al trabajo que estábamos haciendo: vídeos educativos.

Así que Mocedades, Ana Belén y Miliki, entre otras voces conocidas, me han alegrado la mañana de lunes; no sé si Blanca puede decir lo mismo... ¡Ah! Sin olvidar una mención especial a Bom Bom Chip, que buscando canciones sobre ellos no recordaba tal fenómeno social-infantil a su alrededor. ¡Hasta una película que hicieron! Aunque, sin duda, me quedo con Negrito Sandía.

Por cierto, gracias Blanca.

Foto: Negrito Sandía

domingo, 23 de agosto de 2009

Agosto


Sí, todo llega a su fin, y agosto no es menos. Algunos podrán decirme que aún queda una semana y razón tienen toda. Pero eso es, en una semana, agosto se acaba.

Y es que agosto es un mes raro. Quizá, podría decirse que es el Mes Raro. Es el mes en el que los hoteles, hostales y hospederías de todo tipo tienen los precios más altos; es el mes en el que los coches apenas circulan por las ciudades; es el mes en el que los pueblos se llenan; es el mes en el que las autopistas de entrada y salida de las grandes ciudades registran grandes niveles de tráfico los viernes y domingos; el mes en el que se acaba de cosechar el cereal; el mes en el que millones de pueblos engalanan sus calles con banderines y bombillas de colores (estas últimas un poco horteras, que sirven tanto para las fiestas del santo como para Navidad); el mes que en cuanto acaba, empieza un nuevo curso para todos, vayas al colegio o lo hayas acabado hace muchos años.

Es el Mes Raro porque en la oficina se permite ir en vaqueros y no pasa nada si el lunes llegas con ojeras. ¡Es agosto!

Agosto es un mes raro porque cuando acaba es una especie de nochevieja, con sus nuevos y buenos propósitos para el nuevo año, que en esta ápoca empieza en septiembre.

Agosto es un mes deseado por casi todos, pero que también se acaba.


jueves, 30 de julio de 2009

Bucle estival


La época estival, con sus flotadores, chiringuitos, sillas desplegables y noches al fresco suele verse ennegrecida por la sombra de los incendios que asolan los campos españoles y algún que otro aviso de bomba que, a veces, se hace efectivo.

Es ese tipo de noticias que, sinceramente, no sorprenden cuando aparecen en los telediarios de la hora de la comida o de la cena. Que no sorprendan no quiere decir que no angustien, inquieten o preocupen. Simplemente son noticias que, como un bucle, se repiten cada verano y parece que nos han hecho callo, que aunque duelan, se perciben con otra sensibilidad. Siempre y cuando no nos toque bien de cerca, ¡claro está!

Y es que, esta semana mi callo no ha dolido como callo. Ha dolido, más bien, como una herida. Una herida que al despertar parece estar cicatrizada, pero que en cuanto te levantas de la cama y haces el menor movimiento, una punzada de dolor te recuerda que ahí sigue, abierta, jodida y, sobre todo, dispuesta a seguir jodiendo.

Una herida que se ha ido abriendo, cada día de esta semana un poco más, al tiempo que mi imcomprensión de la mente humana ha ido en aumento. Y es que sigo sin entender los asesinatos y las cerillas encendidas en los campos y montes secos de verano. Sigo sin entender qué se pretende con ello. Sigo sin entender el convencimiento de algunos de que así lo conseguirán.

Foto: Mundofotos.net

viernes, 10 de julio de 2009

El tren


Viernes 10 de julio, 10:30 horas de la mañana. Llamo a Renfe para comprar el billete del Avant de las 17:30 horas.

Sólo quedan tres plazas, señorita, no sé si el ordenador querrá darme una. Espere. Espero. Ha tenido usted suerte, copie su clave. La copio. Gracias. Gracias. Cuelgo y recibo un sms de confirmación de la compra. Clave comprobada. Billete comprado. Sólo tengo que imprimirlo en las máquinas de Chamartín.

Viernes 10 de julio, 16:20 horas de la tarde. Salgo de casa. Tengo tiempo, pieno. Línea directa hasta Plaza de Castilla, transbordo y ya estoy en Chamartín.

17:10 horas. Llego a la estación. Tengo tiempo de sobra para imprimir mi billete. Llego a la zona de las taquillas. En las ventanillas, largas colas de gente esperan para comprar los suyos. ¡Menos mal!, yo sólo tengo que llegar a una máquina, meter mi clave y coger el papel.

Máquina fuera de servicio. Máquina fuera de servicio. Máquina con pantalla en negro. Máquina con pantalla táctil que no detecta el tacto. Me indigno. ¿¡Cómo que no funciona ninguna de las máquinas que hay en la Taquilla de una de las estaciones más grandes del país, si no es la más grande!?

17:17 horas. Pregunto. Para recoger los billetes, señorita, en la ventanilla Venta para Hoy, al fondo de la sala. Miro al fondo, una larga cola me espera. Miro enfadada al hombre. Se encoge de hombros. Él no tiene la culpa, lo sé, pero descargo mi enfado en él con otra fea mirada.

17:21 horas marca la pantalla informativa de Renfe. 6 personas delante de mí. 9 minutos para que me den el billete, buscar el andén, bajar al andén, identificarme, registro de maleta y, por fin, entrar al tren. La cola no avanza. Resoplo.

17: 23 horas. ¡No aguanto más! A lo mejor, quienes están delante de mí cogen el tren más tarde que yo. Les abordo. Perdone, ¿va a coger billete para las 17:30? No, yo lo cojo para las 6. Y también para las 6. No, no, pase. ¿No les importa? Lo siento, de verdad, lo he comprado por teléfono y las máquinas no funcionan. ¡Pase, pase. Corra!

En medio segundo se lo explico a quien me atiende. Copia la clave mal. Se la repito. Imprime el billete. ¡Lo tengo en mis manos! ¿En qué anden tengo que coger el tren? En el 16, ¡rápido!

17:27 horas. Encuentro el andén. Bajo las escaleras mecánicas. La puerta no se abre. Sí, sí se abre. Ya no hay pasajeros fuera. entrego el billete a la primera persona que me encuentro. No, señorita, aquí; me dice señalando una ventanilla. ¡Dios! ¿¡Por qué!? Paso casi de largo por la cinta de registro de equipaje. Dejo la maleta, dejo el bolso. Cojo la maleta, recojo el bolso... ¡Mierda! ¡Los cascos del iPod se han trabado en la cinta! Tiro de ellos. Parece que no se han roto.

17:29 horas. ¡Estoy dentro! ¡Ufff!

Viernes 10 de julio, 17:30 horas de la tarde. Alivio...


Foto: Ricardo Ricote

lunes, 29 de junio de 2009

La señora Amalia


La señora Amalia suele pasar por delante de la oficina a las once y media. Está de vuelta sobre las dos.

Con su andar lento, y de pasos cortos, la señora Amalia recorre la calle con su bolsa de plástico blanca y negra. En el trayecto, se detiene varias veces a tomar aliento.

La señora Amalia camina con la cabeza gacha, atenta a sus pasos. No duda en levantar la mirada cuando se cruza con algún conocido. Se para, sonríe y saluda.

Con su tobillos hinchados y sus medias tupidas, la señora Amalia pasa todas las mañanas por delante de la oficina. A veces se para, levanta la cabeza, mira el ventanal y continúa su camino.

Yo, un día, la saludé. Y ella, alzó la mirada, sonrío, y me devolvió el saludo.

Desde la semana pasada, la señora Amalia ya no pasa por delante de la oficina a las once y media. Ni tampoco está de vuelta sobre las dos. Yo creo, que la señora Amalia está de veraneo en su casa del pueblo; disfrutando de sus vecinos, hijos y nietos. Y que, cuando los días se acorten y el sol caliente menos, volverá a recorrer la calle con su caminar lento. Yo, me quedaré al otro lado del ventanal, esperando a que llegue el otoño y, con él, la señora Amalia.

En realidad, yo no sé cuál es el nombre de la señora Amalia.

Foto: blog Maravillas

miércoles, 24 de junio de 2009

'Ir a la Noche de San Juan'



Tendría unos doce o trece años cuando mis padres me dejaron ir, por primera vez, A La Noche de San Juan.

En el pueblo en donde vivía, La Noche de San Juan se celebraba (creo, y espero, que se siga haciendo) en unas arboledas a las a fueras. En las arboledas de al lado de El Río, entre el Molino Paco y el Molino Primi. Era un día especial. Los amigos comprábamos grandes cantidades de comida y de bebida esa misma tarde, 23 de junio. El menú se basaba en decenas de bolsas de patatas, de mil variedades distintas; algo para asar en la hoguera, preferiblemente chorizo; las primeras botellas de bebida destilada, con sus respectivos hielos y refrescos e, indispensable, el chocolate para desayunar.

Ir A La Noche de San Juan...

Cuando se acercaba junio y en el colegio ya olía a vacaciones, la Noche de San Juan estaba en la boca, en la cabeza y en el gusanillo del estómago de todos. Como suele pasar, los chicos del grupo ya eran expertos en tal menester. Aunque sólo hubieran ido el año de antes. Que si haremos la hoguera no sé donde, entre los caminos no sé cuales; sí, ahí, al lado de donde suele hacer la hoguera no sé quién, que siempre llevan no sé qué; pero no en la arboleda, sino al otro lado del camino, pero sí, cerca de El Río.

La tarde del 23 de junio de la primera Noche de San Juan era especial. Ya eras mayor.

Foto: zonalibre.org

lunes, 27 de abril de 2009


Ayer, domingo, mi despertador sonó a las siete de la mañana. Algo desganada, con las ojeras más marcadas de lo normal y con legañas, cogí el metro a las 8. Destino: Banco de España.

Llevaba desde el jueves refunfuñando por el madrugón dominguero. Renegando por despertarme más pronto de lo normal. Medio cabreada porque no iba a poder quedarme un rato largo en la cama tras trabajar seis días seguidos. El jueves me enteré que tenía que plantarme en Recoletos a las 8 de la mañana. En la Salida, de acompañante de un corredor de unos no sé cuántos mil más...

A pesar de mi desgana, algo me decía que, en realidad, el madrugón iba haber merecido, y mucho, la pena. Nos dirigíamos al 32 Maratón de Madrid.

En cada estación de metro se subía gente con chándal, mochilas, zapatillas de atletismo, pantalones cortos. Mayores, jóvenes, veinteañeros, treinteañeros, cuarentones... ¡octogenarios! O éso me parecían a mí, y creo no equivocarme. Transbordo en Príncipe de Vergara y andén repleto de atletas, deportistas aficionados e ilusionados.

Recoletos repleto. La salida de Banco de España casi colapsada. Estiramientos, calentamientos, olor a Réflex, sonrisas, ganas.

Mi desgana ya se había convertido en una gran admiración; y he de confesarlo, en envidia. Envidiaba a cada uno de los miles de corredores por su esfuerzo. A cada uno de los miles de corredores con una meta deportiva, pero sobre todo, con una meta personal.

Foto: Salida del 32 Maratón de Madrid, María San Felipe

sábado, 14 de marzo de 2009

Tiempo de lectura


Esta mañana he ido a la biblioteca. Hacía tiempo que no entraba en una a dejarme seducir por las estanterías llenas de libros, llenas de palabras, llenas de letras... Llenas de historias, de historias por leer, de experiencias por vivir.

Desde siempre me ha gustado mucho leer y reconozco que he sido, y soy, una intolerable con las personas que no comparten esta afirmación. A pesar de ello, también he de reconocer que leo mucho menos de lo que me gustaría. Leo todo lo que pasa por mis manos, aunque libros, libros muy pocos.

No era así cuando era pequeña. Siempre había algún libro empezado en mi mesilla y aprovechaba el mínimo momento para abrirlo y hacer correr el marca páginas. Seguramente impulsada por el amor a la lectura que se respiraba, y se respira, en mi casa. Libros fuera de sus estanterías, artículos de prensa de días pasados que esperan pacientemente ser leídos, revistas... Tardé un poco en entender por qué mi padre me llamaba Leona.

Y sí, hoy he ido a la biblioteca a reconciliarme con mi espíritu lector. Hoy he ido a la biblioteca y de nuevo ha vuelto a asaltarme la rabia de ¡cuántos libros y qué poco tiempo! Y también la de... ¡Maldita pereza!

Así que, he aprovechado la visita, he sacado tres libros para decidirme por uno. Porque sé, señores, que aún no puedo comprometerme a leer más de mil páginas en un mes de préstamo. Pero que leeré los tres, ¡seguro!

Respecto a aquellos que afirman que no les gusta leer... ¿lo habrán probado alguna vez? Yo, quiero volver a ser una Leona.

Campaña fomento de la lectura: Si tú lees, ellos leen