viernes, 28 de septiembre de 2012

Caja Segovia ya es Bankia: cambios en transferencias y cajeros

El pasado 24 de septiembre Caja Segovia pasó a integrarse totalmente en Bankia. Esto significa grandes cambios en la entidad y para los clientes, como los servicios de los nuevos cajeros, los nuevos tipos de interés o el funcionamiento de la nueva caja online. Evidentemente esta integración trae otros muchos cambios que pueden considerarse más importantes, empezando porque Caja Segovia deja de ser una caja de ahorros para ser un banco, con todo lo que ello conlleva, ¡adiós querida Obra Social! Pero no podemos, ni debemos, obviar las modificaciones que nos afectarán a los clientes en nuestras operaciones bancarias más simples y frecuentes.

Soy cliente de Caja Segovia, la Caja, de toda la vida. Desde hace años operaba desde su banca de Internet, ésa denominada con un gracioso y simple juego de palabras: SegoVía. Desde este portal podía hacer transferencias a cuentas de la misma Caja sin comisión, además de tener la posibilidad de avisar al destinatario de la operación a través del envío gratuito de un e-mail, así como a mí misma, por si quisiera tener el resguardo en mi bandeja de entrada.
Pero, ¿cuál fue mi sorpresa el primer día que uso este servicio siendo cliente de Bankia?, que las transferencias a cuentas de la misma entidad sí tienen recargo, cobrándote 0,50€ (cincuenta céntimos de euro) por abono. Incluso cuando la cuenta desde la que se emite el pago tiene como segundo titular al propietario de la cuenta que lo va a recibir, es decir, cuando una misma persona es titular de ambas cuentas, aunque sea en segundo lugar. ¡No me lo puedo creer!
También decir, aunque se trate de un cambio menor, que ahora sólo se contempla enviar un correo electrónico al destinatario de la transferencia.

Bastante sorprendida y enfadada con el tema de las comisiones decido ir al cajero y sacar el dinero en efectivo. Claro, los cajeros también son Bankia. Su uso es sencillo, si quieres puedes pinchar en un apartado llamado algo así como 'Caja Segovia es Bankia' en el que te explican que se han actualizado los cajeros pero que su funcionamiento es similar y que sus servicios son los mismos. ¡Ja!
¿Cuál es mi sorpresa el primer día que uso el cajero siendo cliente de Bankia? Que sólo me permite sacar dinero de la cuenta asociada a la tarjeta que estoy utilizando, cuando siendo cliente de Caja Segovia, con esta misma tarjeta, podía sacar dinero de las diferentes cuentas que tenía en la entidad. ¿A esto se le llama 'lo mismos servicios'? ¿No será que lo que quieren es que entre en la sucursal a hacerme una tarjeta por cada una de mis cuentas para poder cobrármelas?

Si estos cambios son los percibidos en el uso de las operaciones más simples y frecuentes de un cliente, llamémoslo, básico. ¡¿Cómo serán los que no percibimos...?!
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Al hilo de la integración de Caja Segovia en Bankia os recomiendo este artículo de opinión de María Coco Hernando, directora de Segoviaudaz.es: Adiós Caja Segovia, fue un placer conocerte.

Foto: Club de Atletismo Joaquín Blume

viernes, 27 de julio de 2012

Día 5. Essaouira

Inmediaciones de la estación de autobuses, Marrakech

Los madrugones son menos madrugones con el desayuno que nos preparan en el riad. Con las mochilas a la espalda empezamos nuestro día de visita a Essaouira.

Curioso lugar la estación de autobuses de Marrakech. La treintena de ventanillas que hay en ella están vacías y aparentemente cerradas, pero no porque estén abandonadas, sino porque sus responsables esperan a los viajeros en los pasillos o en las inmediaciones del edificio. Como a los turistas pronto se nos reconoce, en seguida se nos acercan para preguntar nuestro destino, guiarnos para encontrar al vendedor correspondiente o llevarnos hasta el andén si ya tenemos el billete comprado. 

Ante la recomendación de llegar con al menos quince minutos de antelación, hemos sido precavidos y nos toca esperar sentados en el autobús casi media hora; parece ser que aquí se estila bastante el overbooking. La espera merece la pena. No somos los primeros en llegar y, como es de esperar, tampoco los últimos. Lo curioso es que al autobús no sólo entran viajeros también suben vendedores ambulantes que, ¡venden de todo! Caramelos de menta, chocolatinas o, lo que deducimos que son, coranes de bolsillo. Los comerciantes entran por la puerta delantera, sueltan un discurso, desfilan por el pasillo enseñando su producto para salir por la puerta de detrás cuando terminan su comercial paseo. Incluso, una vez arrancado el autobús, el conductor tiene el detalle de ir a ralentí para que los vendedores puedan subir y bajarse del vehículo sin peligro, incluso más allá de la estación, lo que también sirve para que los viajeros tardíos cojan la ruta.

Plantación de argán carretera Marrakeck-Essaouira

Los casi 190 kilómetros que separan Marrakech de la Ciudad del viento se convierten en unas tres horas de viaje que acaban convirtiéndose en pesadas. Al menos pudimos ver plantaciones de argán y alguna que otra cabra disfrutando de su manjar.

Llegar a Essaouira desde Marrakech es cambiar el tono rosado por el el azul y el blanco. Es hinundarte de sabor a mar. Pronto se entiende por qué se la llama la Ciudad del viento, sus huellas están marcadas en las paredes de los edificios, dejando a su paso un blanco desconchado. El azul de las puertas y ventanas parece una llamada al remanso sobre el blanco roto de las fachadas.

Llegamos a la medina, declarada Patrimonio Mundial de la Unesco en 2001. Sus calles principales son más anchas y la temperatura es más agradable que en Marrakech, aunque sus tiendas poco se diferencian de las vistas hasta el momento el olor y el ambiente que en ella se respira es diferente, es marinero.

Avenida Oqba ben Nafii, Essaouira
Como llevados por la brisa salimos de las murallas que la salvaguardan y llegamos al puerto. Decenas de barcas amarradas nos cuentan sin palabras que el pescado ya ha llegado, que nos acercamos a la subasta. Las gaviotas y sus graznidos también son testigos. Casetas vestidas de los mismos colores que la ciudad y puestos ambulantes venden, frescos o asados, los frutos que el Atlántico ha dejado que prendieran las redes de los pescadores.

Barcas amarradas en el puerto de Essaouira

Casetas de venta de pescado en el puerto de Essaouira

Venta ambulante de pescado en el puerto de Essaouira

Una enorme playa nos llama a la izquierda. Turistas y lugareños nos cruzamos por el paseo marítimo, el aire y la temperatura no invitan ni a que las olas mojen nuestros pies. Una modelo y su equipo intentan que el viento les deje sacar adelante la sesión de fotos que han venido hacer. Sí, en Marruecos también hay modelos, ¿o quizá sea extranjera? El contraste entre la tradición y la vanguardia, o simplemente lo moderno u occidental, no deja de sorprendernos.

Sesión de fotos en la playa con el puerto de fondo, Essaouira

Mujer contemplando el mar en la Skala du Port, Essaouira

Volvemos a la medina y en la Skala de la Ville, donde la muralla está construida sobre acantilados, disfrutamos de las vistas del mar y la ciudad para después adentrarnos en unas sombrías, estrechas y, sorprendentemente, vacías calles. Una rara sensación se apodera de nosotros al vernos y sentirnos solos después de estar continuamente rodeados de gente; pero pronto llegamos a las bulliciosas calles y descubrimos entre tiendas de especias y cerámica una especie de mercado al aire libre en donde sólo se vende pescado. El trajín de la vida cotidiana se mezcla con la sopresa del visitante que observa los quehaceres rutinarios desde los soportales que rodean a esta peculiar pescadería.

Plaza del pescado, medina de Essaouira

Volvemos a las calles principales y los comerciantes llaman tu atención para que entres en su tienda, que es exactamente igual que la anterior, que es exactamente igual que la siguiente. En todos estos días no hemos sucumbido a dejarnos llevar por el interior de estos bazares ni la persuasión de sus vendedores y es ahora cuando decidimos adentrarnos en uno. Sentados al fondo de la pequeña y estrecha tienda pasamos un rato agradable que termina con la compra de algunos objetos de, supuesta, plata y salimos a la calle con esa sensación de no saber si lo que nos llevamos es lo que creemos haber comprado.

Ancianos hablando en la Avenida de l'Istiqlal, Essaouira

Comemos tarde mientras mientras agotamos nuestras últimos momentos paseando por las calles Essaouira. Ahora sus paredes blancas empiezan a tornarse anaranjadas con la caída del sol y va llegando la hora de volver a la estación. Dejamos atrás el viento, las gaviotas, el pescado y el olor a mar; el autobús nos lleva ya de vuelta a la ciudad rosada, a Marrakech.

Fotos: Marrakech y Essaouira octubre 2011.  M. San Felipe

miércoles, 25 de julio de 2012

Huerto urbano

Brotes de albahaca, 17 de mayo de 2012

Se entiende como huerto urbano aquel cultivo de hortalizas que se realiza en un núcleo urbano, ya sea en una terraza, jardín o en pequeñas parcelas, tanto en el interior de las ciudades o como en sus inmediaciones. En ocasiones se denomina horticultura de ocio, aunque con la que está cayendo se está extendiendo cada vez más como práctica de autoconsumo.

Cuando pasé de vivir en un ático con altas ventanas y me mudé al piso en el que ahora vivo una de las primeras cosas que pensé es que llenaría los balcones de plantas, sobre todo de geranios. ¡Me encantan los geranios! Pero no. Pronto me di cuenta de que los alféizares de las ventanas abalconadas no permiten colocar macetas si quieres cerrar las persianas, y a mí no me gusta dormir con luz. Todavía me quedaba el balcón esquinado del salón que tiene un ancho estrecho, pero lo justo para poder colocar alguna maceta y algún macetero. Al llegar el buen tiempo decidimos tapar el balcón con brezo artificial, pero a mí no me gustó la idea de que mis floridos geranios, aún inexistentes, no pudieran ser disfrutados y compartidos por los viandantes. Así que decidí que plantaría alguna planta productiva, como hierbas aromáticas o plantas de huerta.

Albahacas, 25 de julio de 2012

Mi tía me preparó una pequeña maceta con semillas de albahaca, a las que tendría que regar y cuidar para que llegaran a brotar y después transplantar, para que las plantas crecieran más fuertes y sus hojas sirvieran para hacer rico pesto. La albahaca se ganó un espacio en la ventana balconada de mi estudio, cuya persiana no tiene por qué ser bajada. Pronto la vi crecer, la transplanté y, pasados algunos meses, ¡la probé! Yo, que hasta el momento sólo había tenido cuidado de una lenteja plantada en algodón, estoy emocionda al ver crecer mis albahaquitas cuyo olor es capaz de trasladarte a una casona en medio de La Toscana. Aunque parecen un poco mustias, yo ya llevo comidos dos ricos platos de pasta al pesto.

Pero esto no es todo. Mi padre, amante del huerto en cuerpo y alma, me dio dos tomateras. Para que llegaran a dar frutos tendría que cuidarlas y regarlas, pero también transplantarlas y caparlas. ¡Uauh!, toda una labor de responsabilidad para esta iniciada en el mundo vegetal. Las flores pronto llenaron los tallos pero, ¡no han sido muy fructíferas! Aunque he de reconocer que bien contenta, emocionada e impresionada estoy con un tomate por planta. ¡Ay!, cuando enrojezcan, ¿seré capaz de comérmelos?

Tomateras, 25 de julio de 2012

No creo que un macetero con dos tomateras más uno con unas cuantas plantitas del albahaca puedan considerarse huerto urbano ni que su producción vaya a abastecerme pero, ¡estoy con ganas! Esta semana me he planteado un reto: conseguir que agarre un tallo de hierbabuena que llevaba metido en agua una semana. De momento muy buena pinta no tiene... Pero ahí estoy, ¡aprendiendo!

¡Quién diría que soy de pueblo!

Fotos: M. San Felipe