martes, 7 de mayo de 2013

Hay trabajo pero faltan puestos de trabajo (y algo de compañerismo)


Esta mañana una amiga me contaba disgustada e indignada que cuando ha llegado a trabajar su jefa no estaba. Le ocurrió lo mismo la semana pasada, cuando llegó el martes a trabajar sus compañeros le dijeron que su jefa se había cogido el día libre. Más allá de la falta de comunicación y de compañerismo, esta situación poco tendría de extraña si no fuera porque mi amiga colabora, gratis, en este sitio al que acude cada martes y en el que su jefa ha de guiarla. Ella es periodista y ayuda en el departamento de comunicación de una ONG de forma voluntaria. Ella ha aceptado colaborar de forma gratuita en una organización en la que ha visto que su trabajo es necesario y que podrían pagárselo pero no lo hacen, las nóminas de sus compañeros y las facturas de los proveedores no muestran cantidades bajas, ella lo sabe porque desagradablemente en su labor semanal maneja estas cifras, pero no hay puesto de trabajo para ella. Mi amiga, a falta de un trabajo remunerado ha elegido, no sin dudar, ganar experiencia mientras sigue buscando su oportunidad laboral, la de encontrar un trabajo pagado. A cambio sólo pide respeto y reconocimiento, algo de sentido común en las relaciones personales.

Otra amiga periodista también colabora gratis en una organización sin ánimo de lucro para la que hace algunas labores de comunicación desde su casa. Hace unas semanas me contaba disgustada que se presentó a una reunión a la hora acordada y cuando llegó le informaron que la habían retrasado sin avisarla previamente. A los pocos días la emplazaron para reunirse en un día festivo, ante lo que no se pudo negar. ¿Dónde queda el compañerismo?

Sin querer caer en el victimismo, el periodismo es un sector al que le está afectando gravemente la crisis y el cambio en su modelo de negocio. En este proceso de cambio de modelo aún nada definido las empresas, entidades y organizaciones no dudan en beneficiarse y aprovecharse de la situación de precariedad que tienen y viven los profesionales del periodismo ofreciendo puestos de trabajo también muy precarios, con salarios bajos,  incluso muy bajos, o trabajos gratuitos poniendo al periodista contra la espada y la pared entre el si no trabajo no puedo hacer frente a mis gastos o entre el si no trabajo no adquiero experiencia, será mejor producir que no hacer nada. Y así va creciendo una burbuja en la que  también entra el juego un factor muy importante, esa creencia popular que dice que periodista puede ser cualquiera y que profesionales de la comunicación somos todos. Esa burbuja que también se alimenta de ofertas de trabajo que ningunean a los licenciados demandando únicamente becarios o voluntarios para realizar trabajos que realmente debería hacer un empleado asalariado. Haciendo crecer así la desconfianza ante personas, entidades y/u organismos que requieren de voluntarios o colaboradores para poder empezar o simplemente continuar con su labor. Haciendo crecer la desconfianza y el desapego laboral cuando el compañerismo parece brillar por su ausencia.
[Aclaración: esta burbuja y situación precariedad lamentablemente no es única del sector periodístico y  muy tristemente también se puede aplicar a muchos otros sectores está restando cada vez más los derechos de los trabajadores].

Yo también colaboro, gratis, en dos páginas webs: un portal de turismo que está empezando y un periódico  digital local y medioambiental sin ánimo de lucro. Mis jefes, que en realidad son y me tratan como compañera, no me presionan ni me exigen, trabajamos en equipo y soy yo misma con mi responsabilidad la que guía mi trabajo con y para los proyectos. Yo he elegido realizar ese trabajo no remunerado, he de acatar las consecuencias de mi decisión y he de saber reaccionar de la mejor manera ante las situaciones, fáciles o difíciles, que se me presenten. Pero no todos los jefes, ni los acontecimientos, lo ponen fácil.

No saldremos de esta si no colaboramos entre todos, los de arriba y los de abajo, empezando por el compañerismo. Por favor no nos pisoteemos, no nos pisoteen. Seamos compañeros, trabajemos en equipo y, no estaría mal, que desde arriba se empezase a pensar en el beneficio de todos, o al menos en el de una gran mayoría. ¿Utopía?

Por supuesto que creo que hay labores y proyectos que requieren voluntarios y colaboradores, pero también creo que sí que hay trabajo, lo que faltan son puestos de trabajo y, en muchas ocasiones, faltan ganas de ofrecerlos como tales.

Foto: ilustración de AEA, Chocolate Caliente

1 comentario:

Elena González de Sande dijo...

Una vez más, la avaricia sin límites llega a todas partes. Qué difícil romper esta dinámica y qué poco ponen de su parte los que podrían hacer algo.