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jueves, 30 de julio de 2009

Bucle estival


La época estival, con sus flotadores, chiringuitos, sillas desplegables y noches al fresco suele verse ennegrecida por la sombra de los incendios que asolan los campos españoles y algún que otro aviso de bomba que, a veces, se hace efectivo.

Es ese tipo de noticias que, sinceramente, no sorprenden cuando aparecen en los telediarios de la hora de la comida o de la cena. Que no sorprendan no quiere decir que no angustien, inquieten o preocupen. Simplemente son noticias que, como un bucle, se repiten cada verano y parece que nos han hecho callo, que aunque duelan, se perciben con otra sensibilidad. Siempre y cuando no nos toque bien de cerca, ¡claro está!

Y es que, esta semana mi callo no ha dolido como callo. Ha dolido, más bien, como una herida. Una herida que al despertar parece estar cicatrizada, pero que en cuanto te levantas de la cama y haces el menor movimiento, una punzada de dolor te recuerda que ahí sigue, abierta, jodida y, sobre todo, dispuesta a seguir jodiendo.

Una herida que se ha ido abriendo, cada día de esta semana un poco más, al tiempo que mi imcomprensión de la mente humana ha ido en aumento. Y es que sigo sin entender los asesinatos y las cerillas encendidas en los campos y montes secos de verano. Sigo sin entender qué se pretende con ello. Sigo sin entender el convencimiento de algunos de que así lo conseguirán.

Foto: Mundofotos.net