
Hace unos días, una amiga, y
blogger, me mandó una invitación a Facebook para formar parte del grupo
Blog Action Day'09 en Español y participar en esta iniciativa. El tema/problema de este año: el cambio climático. Y aquí va mi granito de arena: el reciclaje.
Contenedor azul: papel. Contenedor verde: vidrio. Contenedor amarillo: envases de plástico, metal y briks. Contenedor naranja: residuos orgánicos. Para todo lo demás, el Punto Limpio, que para esto no vale la MasterCard. Los colores de los contenedores, y lo que en cada uno hay que tirar, es una de las cosas que mejor aprendidas tengo. Y es que esto de reciclar es otra de mis grandes
manías, bien lo saben mis amigas y compañeras. Y es que en la oficina no superviso la basura por vergüenza, pero yo, que me siento al lado de la papelera del papel (para tirar en el contenedor azul) y la del plástico ( para tirar en el contenedor amarillo), pongo la voz en grito en cuanto alguien tira un desperdicio a donde no se debe tirar; algo que ocurre con frecuencia.
En casa, en Madrid, cuando me instalé hace ya seis años, lo primero que hice fue establecer cuatro zonas de basura en la cocina:
- Zona cubo: vamos, el cubo de toda la vida, para tirar la materia orgánica (contenedor naranja)
- Zona envases: bolsa de plástico arrinconada en la cocina para los envases de plástico, metal y briks (contenedor amarillo)
- Zona papel: bolsa de papel, colocada al lado de la bolsa de plástico, para los desperdicios de papel y cartón (contenedor azul)
- Zona vidrio: rincón encima de la lavadora, para todos los frascos, botes, botellas y botellines que vamos acumulando.
Más tarde, añadimos una quinta zona residual en nuestra cocina: la del aceite, en donde tiramos el aceite usado y requeteusado en una botella de plástico.
En la casa del pueblo me costó un poco más hacer esta gran división de basuras. Desde siempre, en casa se había reciclado el papel y el vidrio, incluso cuando no había contenedores verdes ni azules en el pueblo e íbamos al de al lado, más grande, con el maletero lleno de periódicos y con la banda sonora de los botes de
cristal chocando entre ellos. Pero lo del contenedor amarillo, ¡era otra historia! Desinformación, falta de costumbre y pereza hacían que su uso no fuera tan
atractivo. Grata sorpresa me llevé cuando un fin de semana descubrí que mis padres también tenían su 'Zona envases'.
'¿Reciclar, para qué? Si luego lo juntan todo', me argumentan muchos de mis amigos cuando sale este tema. Pues mira, yo no sé si los camiones de la basura (sean del color que sean) se deshacen de su mierda en un mismo montón, mezclándose todos los colores tras una exhaustiva tarea tuya de separación, ¡espero que no! Pero a mí no me cuesta nada, ¡nada!, separar mis desperdicios. No me cuesta nada tener cuatro basuras diferentes, y no, no tengo una cocina especialmente grande. No me cuesta nada pararme a pensar en qué contenedor se tira ésto y en cuál lo otro. No me cuesta nada tener que abrir cuatro contenedores diferentes.Y es que, ¡no me cuesta nada reciclar y me gusta reciclar! Es simplemente concienciarse para que al tiempo pase a ser una costumbre, una buena cosumbre, una rutina, una buena rutina.
Creo que actos tan simples y sencillos, como separar la basura y tirarla en el contenedor adecuado, son una manera de ayudar y de contribuir en, y para, el cuidado del medioambiente y, en extensión, a reducir y paliar el cambio climático. Pequeños detalles pueden tener consecuencias importantes y positivas. Pero claro, ¡no vale con que lo hagan sólo unos pocos!
Ahí lo dejo...